En la colina,
los fracasos, todos,
todas las derrotas y la mirada
vuelan, se esparcen sin destino,
sin amargura, sin rigor,
acometen muerte ritual,
su repetido ocaso
de hermoso campo
donde la esperanza
se graba en un chopo solitario,
allí, poco más allá del río...
El aire forja la crisálida
de donde me desenvolveré mañana.
Dulce destierro del amor...
(D. Errota, 'El cerro, peregrino' 1923)
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