miércoles, 27 de octubre de 2021

GINGER «DE LA ROSALÍA» Y FRED «VAQUERO»





 Más de cincuenta años después era agosto y todavía la feria se celebraba en la antigua caseta junto al campo de fútbol. Había un concurso de baile y casi les obligamos a apuntarse. Sé que enseguida van todos ustedes a pensar que soy su hijo y que la lógica pasión y tal y tal y tal... Algo hay, claro, pero lo cierto es que hubo una especie de magia estremecedora lo mismo en la pista que en el numeroso público que la rodeaba. Todo el mundo contuvo la respiración los pocos minutos que duró aquel tango (una «comparsita» le decía la madre) donde ella como un repeón chiquito y él, el chulo menos lunfardo, deslizaron sus cuatro pies de más de setenta años ajenos al estrépito, a la alta luna y a nuestra pasión desbocada. Quedaron segundos y les dieron un hermoso ramo de flores. Nunca olvidaremos la pitada que se llevó el jurado, quizá injusta, aquella inolvidable noche. Unos años después nació el poema, más injusto quizá, que aquel jurado...

Si hubo una tibieza
procuróse en el imprevisto.
Las cabezas se tornan,
los cuerpos, un sutil tirabuzón
cual la majestad de ella
posando el cuello
en el hombro.
Él, ya adusto.
Otro giro y el vapor,
nada es más disturbio
que la periferia
entre las golondrinas
del centro de la pista.
Quizá sea batalla
y estamos muriendo
desde este lado, pura envidia.
Mientras ellos, ajenos,
bailan y bailan
y sólo bailan...
No hay más beso
que la perfección de ese clavel.
Afuera, escapamos
pero de uno en uno
y en un efluvio aniquilado,
casi sin alma,
expulsados de ellos.
Porque siempre bailan solos.

martes, 26 de octubre de 2021

BUENAS NOCHES, HOLA, BUENAS NOCHES


 

Habita por el insomnio

una rana de porcelana

en el centro de un parque.

Es todo el silencio

y es amarillo.

Digo el silencio.

Digo el insomnio.

La rana amanecerá con su chorrito

y habrá una fiesta de gorriones

y de pinzones, y de jilgueros.

Cerca hay plataneros altísimos.

Pero yo ya duermo

agarrado a una estrella

y sin ese encanto

del agua amaneciendo blanca,

saliendo del poema.

Así, desnudo,

sin ese encanto.

Con esta estúpida felicidad

siempre previa...


miércoles, 20 de octubre de 2021

INVENTARIO DIÓGENES


Todo lo que cuento es importante,
quizá tú formas parte de mi historia
y en tanto lees esto
te recuerdas a mi lado emborrachándote
en un pueblito cerca de Lerma,
o escuchando susurrar a los plataneros
sus altas historias colocados en un banco
del parque de Los Hermanos,
o dentro de una tarde de domingo en un cine atestado
aterrada (y aterrado) en el estreno de «Alien»,
o besándome en algún rastrojo,
o en alguna tribuna solitaria,
o en otro cine menos atestado…
Quizá tu memoria te ponga
en una de esas malas tardes
que tiene cualquiera (don’t look back in anger, baby),
en una mala disputa de fin de semana…
Es importante que sepas
que me gustaría que te vieras
muerta de celos
viéndome pasar cerca de ti tantos años después
creyendo que ignoro tu nombre,
o que te recordaras escribiéndome
alguna carta de furioso amor,
o diciéndome adiós otra vez
o llorando porque te hice tan feliz
que ya sólo puedes ser desdichada…
Todo es importante,
todas esas muertes que voy dejando
en los parques de los ochenta,
en algunas cárceles, en la propia casa…
No tiro ningún recuerdo
y cierta noche de agosto en la alamea
partiendo sandías es tan importante
como algunos amaneceres rojos
en aquella playa que llenábamos seis amigos
sin ninguna vergüenza en las manos,
como las tetas de una turista alemana
abrazando mi cuello en Larrabasterra,
como tus ojos de antes y los de ahora,
como todos esos primos que abarrotaron
los veranos de nuestra misma sangre,
nada tiro, nunca tiro nada
porque cuanto cuento es tan importante
como los sueños que se niegan a borrarse,
como los viajes en bote sobre la ría en enero,
como los Bisontes que compartíamos,
como los Sombras que compartíamos,
como los porros que compartíamos,
como otras madrugadas en la alamea,
noches de pitarra y guitarra
y amores que nunca fueron, que pudieron ser,
que son,
como aquel beso de Kiko a Toñi,
de Kiko a Katy, de Kiko a Mari,
como la cigüeña que cagó mi mejor camisa
una mañana de 1976 a la una y diez en la plazuela…
Todo es importante y todo lo acumulo
como el delicioso arroz que tomé ayer,
como la magnífica clase de mates que di,
como la deliciosa cara de mi alumno
descomponiendo con acierto el número 124,
como mi cara descubriendo que San Agustín

seguramente fue negro o de piel muy oscura,
como las horas previas a mi muerte,
muerte que os cederá a todos vosotros
la ingente tarea de tirarlo todo
menos este inventario
que, tal vez, he incrustado en vuestro síndrome…
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martes, 19 de octubre de 2021

I'Ve Got a Gal In Kalamazoo

 




En Bronson Park perdí a mi chica por primera vez…

Yo tuve una novia en Kalamazoo

cuando los zorzales maltrataban al manzano silvestre

y todavía nunca habíamos escuchado a Glenn Miller

sentados en la hierba

que alfombra la hermosa fuente junto al kiosko…

Yo, pecador, perdí a mi chica

cerca de la primera Iglesia Metodista Unida

hipnotizado por el rojo inglés

de los ladrillos de la Biblioteca de Damas.

Ella me había lavado el pelo

unas horas antes,

había preparado un delicioso picnic

sin mantequilla de cacahuate ni pepinillos,

se había puesto dos lazos por la cabeza

y escondió dos libros en la cesta

junto al sirope de arce…

La perdí por primera vez

y fui el hombre más feliz

malgastando la tarde tratando de encontrarla

a lo largo de South Park Street,

al oeste de Lovell Street

hasta sorprenderla embelesada

en una de las galerías Zane…

Me desnudó en un callejón de la avenida Michigan

por donde Kalamazoo se escapa hacia el lago

entre bosques de altísimos pinos rojos…

La perdí en Bronson Park por primera vez

y la perdí para siempre entre calabazas gigantes

cuando abandoné Kalamazoo

y me vine al norte.

Sé que sigue lavando otros cabellos,

que nunca dejará de prodigar sus manos

en las mil habilidades parsimoniosas que la conocí,

que seguirá escuchando a Nick Cave

y despistando novios en el Bronson

como quien empieza a ser feliz

dejándose encontrar mirando un cuadro…

Poema alegre

Llegué hasta el cruce de las zorreras caminando al azar, allí, una soledad amarilla, pero amarilla amarilla, resultaba tan hermosa que le da...