Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que está cerca de la laguna. Conocer estos animales es algo que va más allá de esa conjetura urbanita que todos tenemos de las cuatro o cinco hormigas que nos roban el azúcar, la sal o mueren en el bocadillo de mantequilla, estropeándonoslo y de su proverbial laboriosidad. Un hormiguero ofrece un espectáculo que merece el dispendio de, cuando poco, un par de horas. Recomiendo una sillita plegable en tijera. Me ubicaba a la distancia mínima de unos centímetros de la boca de entrada. Mi proximidad no importaba ni impedía el minucioso ir y venir de estos afanosos insectos que, ajenos a mí, entraban con su carga de semillas, palitos, pajitas o flores diminutas. Todos conocemos la anécdota de la proporcionalidad de su fuerza pero es mucho más admirable el organizado sistema de avituallamiento que estos himenópteros ofrecen. Pude observar cómo las de cierto tamaño intermedio eran quienes acarreaban la carga, otras de enorme cabeza roja parecían ordenar ese tráfico rectilíneo que se alejaba como un tren oscuro hasta más allá del hectómetro, punto donde se dispersaban, buscando cada una la aventura colonial de la que no sabían si iban a volver. Constato que son inmunes al miedo. He observado alguna vez decenas de ellas lanzándose sin piedad contra una araña que osó atacar a uno de sus congéneres. Su inteligencia es el resumen de una supervivencia que, según el doctor Milleston, proviene del cretácico, una tontería de más de 100 millones de años, cuando mutaron de avispas prehistóricas. Inteligencia que Asimov les confiere extraterrestre, diciendo que no les esperemos, ya están aquí preparando la conquista con paciencia de alquimistas. Esa inteligencia ha hecho que hayan abandonado el hormiguero que yo admiraba, quizá inundado tras la avalancha de borrascas con nombre propio de los últimos tiempos, aunque nadie sabe nunca cuándo ni por qué sucede esto, del mismo modo que nada ni nadie puede vaticinar cuándo ni por qué aparecerá la marabunta...

