Mostrando entradas con la etiqueta ganbara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ganbara. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2008

Del desván

Nunca está de más releer los poemas desperdigados de Kasher. No sé por qué nunca me he decidido a armarlos de una vez por todas en alguna especie de antología más o menos aceptable. Será quizá que me sigue gustando sorprenderme descubriéndolos una y otra vez en las diferentes revistas que hojeo azarosamente, en los mil y un papel que e cambio de lugar sin una razón aparente, en los falsos diarios donde le reseño constantemente.
Aparece como un delicioso champiñón en este umbrío y secreto bosque donde refugio melancolías, placeres y parsimonia. Champiñones como éste, que nace súbito en el envés de unos bocetos llenos de gatos. Sé que es de E.L. Kasher, pero no soy capaz de recordar de dónde lo copié:

Este poema no es mío.
Surgió de la erosión
que ha cultivado la memoria
de mis manos.
Fue, sin duda,
acariciando tus certezas,
fue, lo sé, el tacto robado
en alcobas de luna,
fue simiente de besos.
Todas esas palabras
que edificaron este olvido
inagotable.
Todas las palabras que te definen,
las que definen
tu sexo desplegado.
Este poema viene
de tu piel en éxtasis,
de su estancia en mi piel.
Me hablaste,
me cantaste.
Me mataste, sí.
Pero la muerte
no es una palabra.
La muerte es la muerte
y no cabe en este poema
que nunca ha sido mío
y que ahora te devuelvo.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ganbararenak (V)



¿A quién ladran los perros que ladran a la luna?

¿Qué palabra escondes en la mano tras un susto?

¿Es cierto que sabe a sal el agua de un disgusto?

¿Es más real el cielo que refleja la laguna?


No sé de mucha felicidad, apenas una

especie de pasajera paz, y si soy justo

alcanza como mucho a aclarar mi gesto adusto

y los años que he vivido: mi mayor fortuna.


No tengo respuestas y siempre pensé que el viento

No guarda más que brisa agradable sobre un puente.

No busco nidos en esta selva de cemento.


¿Cuál es la muerte que tiene el borracho que miente?

¿Belleza? No la hallarás aquí, en este momento.

Sólo una duda infame que arrasará tu mente...

(Shenen K. Minozz - Antología de poetas ladinos)

jueves, 10 de abril de 2008

Ganbararenak (IV)

Bai ederra
zure begietan
nire muxuak
errepikatuta
ikustearena.
Geldi, egon hor,
ez, ez esan ezer,
ezer,
ezer ere ez
bestela
harrapatuko dinat, bai,
harrapatuko bestela,
bazeukanat, bai
bazeukanat,
ixo, darling,
majia bueltan dela,
bazetorren...

ixo...
bai ederra
begira ditudan,
ditudan, begira
ditudan
ezpainen hegaldi,
hegaldi xamurra.

Ixo, carissima.
Eguzkia apal-apal,
xume,
ibaian
hiltzen...
Ixo, chèrie,
bazeukanat,
harrapatuta,
bazeukanat, bai...

Del desván (III)

«Tengo besos que se mueren como cachorros de nube. Besos que se confunden en los garabatos de una niña de seis años. Besos como tormentas en los trigales de más allá del brezal, de más acá de las colinas del heno. Besos como saltamontes bizcos, como canción en el agua. Llevo besos como azogue plateado en las charcas de la primavera, como perfume de juncos agitados por un viento de amapolas. Besos como topacios en los ojos, como granadas tropicales, como siestas de gato, como ondas en el río.
Y tengo un beso que pasea tu nombre en una cometa china que explota como extraño confetti para que la vida te sepa a tahona y a pueblo que despierta y para que me pidas, sin demora, todos esos besos que tengo y que si no, morirán como cachorros de nube...»

( Héctor Federico Kichmann - 'Antología de poetas judíos yerrantes, 1908-1988')

miércoles, 9 de abril de 2008

Desde el desván (II)

La producción artística de los últimos días del invierno fraguó en una papelera repleta de pelotitas de papel que atraen mi mirada casi tanto como el espléndido camuflaje de los campos de enfrente. La incipiente primavera me regala la placidez justa para poder despreciar este vacío creativo que en otras circunstancias quizá me depredaría el alma.
Entretengo la mañana en juegos diversos, en lecturas que van al juego, en escribir que las lecturas son el juego para jugar con la lectura y lo que escribo.
Leo:

«... arte del puzzle comienza con los puzzles de madera cortados a mano, cuando el que los fabrica intenta plantearse todos los interrogantes que habrá de resolver el jugador; cuando, en vez de dejar confundir todas las piezas al azar, pretende sustituirlo por la astucia, las trampas, la ilusión: premeditadamente todos los elementos que figuran en la imagen que hay que reconstruir-ese sillón de brocado de oro, ese tricornio adornado con una pluma negra algo ajada, esa librea amarilla toda recamada de plata- servirán de punto de de partida para una información engañosa: el espacio organizado, coherente, estructurado, significante de cuadro quedará dividido no sólo en elementos inertes, amorfos, pobres en significado e información, (curiosa y paradójicamente, leer este párrafo me lleva a recordar aquel otro juego que se proponía en otro libro y que consistía en sustituir las palabras de un texto por su definición en el diccionario. Así, se producían curiosidades como ésta:"La mujer esperaba en el andén la llegada del tren ---> La persona adulta de sexo femenino atendía en el lugar de las estaciones que es una acera a lo largo de la vía el momento de la venida del vehículo que consta de una serie de vagones y de la locomotora que los arrastra", pudiéndose, por supuesto hacer el juego interminable, sustituyendo posteriormente las palabras 'sexo', 'femenino', 'estación', etc...) sino también en elementos falsificados, portadores de informaciones erróneas; dos fragmentos de cornisa que encajan exactamente, cuando en realidad pertenecen a dos porciones muy alejadas del techo; la hebilla de un cinturón de unif... ... ...rias piezas cortadas de modo casi idéntico y que pertenecen unas a un naranjo enano colocado en la repisa de una chimenea, y las demás a su imagen apenas empañada en el espejo, son ejemplos de las trampas clásicas que encuentran los aficionados.»


La conclusión es una verdad preciosa: el puzzle no es juego solitario, cada movimiento del jugador ha sido, seguramente, realizado antes por el creador del mismo; cada pieza que toma y vuelve a ubicar, que examina con deleite o con odio indisimulado, que acaricia del mismo modo, cada combinación que ensaya, cada tanteo, cada esperanza, cada fracaso pasajero, han sido decididos, calculados, estudiados por el otro...
No sé si soy capaz de trasplantar lo leído de forma correcta al hecho de vivir; no sé si puede ser válido dentro de algún tipo de instrucciones de uso de lo que es esa casa que construimos en lo que es la vida. Quizá la vida sea un puzzle hecho de un millón de puzzles diarios. Entonces sé que la preciosa verdad es, además, incuestionable y se adapta al día de hoy, donde el puzzle que resuelvo lo han creado ya un tibio, casi veraniego amanecer, los buenos días de Ana Maja, el egunon de Lucía, la música que no sé distinguir en un ejercicio propuesto por Freia, un texto sobre la amistad en un foro, un poema de un primo, cierta burocracia aplazada, el soneto que no he decidido aún si publicar o no, el sol reflejándose en la fachada de enfrente, el juego que juego y que es donde habito y escribo y manoseo la siguiente pieza de este subyugante rompecabezas que entre todos, la primavera en los balcones también, me vais creando... al tiempo que yo, sabedlo, creo el vuestro.

Desde el desván (I)

Cada vez que me acerco a las verjas herrumbrosas del cementerio me asalta la inquietud inexpresable de Castelao en su Ojo de cristal. Pienso en aquella angustia del padre quien, enterrado junto a un cojo, manifestaba su temor infinito a que le robara el peroné, o la tibia, o ambos... Pienso también si yo, como él, tendré que ir algún día a san Andrés de Teixido a cumplir alguna cosa que dejé sin hacer en vida. Y pienso que, en tal caso, tendré que abandonar mi esqueleto y que no sé quién reposará encima mío en la hilera superior de nichos, ni a mis flancos.
Lo tengo claro. Pediré a mis hijos que me entierren sin nadie alrededor, aunque les cueste una fortuna...

FRÁGILES OLVIDOS

Cadáveres  exquisitos  dejaremos y esos frágiles olvidos que ilustran la memoria que nos tendrán... Ella escuchaba el mismo disco de Serrat ...