jueves, 31 de enero de 2008

Usoak, ushbetiak

Usorik ez, usorik ez. Usoak eta ushbetiak. Usorik ez eta ushbetiekin pentsatu behar. Ushbetiak eta heriotza. Hor nonbait liteke, magnolioaren atzetik haize izoztuz mozorroturik. Hotza, neumonia... akabo dena! Oxala holaxe izan balitz berarekin eta ez hainbeste sufrimendu jasan behar. Bi urtez ia minek bere gorputz ahula pixkanaka akabatzen. Deusik ere kexatu gabe, maite koitaua. Ushbeti dozena pare bat merezi zuen haren ondoan, hilkutxan, beste bizitzan ahalik eta gutxien egiteko, bere zeruko mezedorean puntua egiten patxada betean aritzeko. Ushbetiak... uso beti, uso beteak. Plaza bete uso. Ogi puxkek bete ere. Argiak dira asko, usoak. Ogirik ez, usorik ez. Noiz arte bakardade hau? Zatoz haize hotza, zatoz! eraman nazazu berarekin, eta eraman, bide batez, uso pare bat, gustokoak zituen. Eraman gaitzazu, haizea! ni izango naiz bere ushbeti txit obedientea...

El pintor (enlace)

Si no todos, casi todos los veranos me acerco alguna tarde al maravilloso mirador que es el castillo de La Puebla de Alcocer. Se alza éste en un cerro desde donde hay, en agosto cuando menos, unos atardeceres harto difíciles de describir con palabras. De un lado, los ojos se pierden detrás de los meandros del Guadiana y el Zújar que se persiguen hasta besarse cerca de Villanueva, en Entrerríos. En los espejos de los múltiples embalses que jalonan La Serena que se extiende delante, el sol se multiplica mientras muere tras el pico de Magacela. Del otro lado, la vista se aleja en las dehesas infinitas de La Siberia, hasta más allá de Herrera del Duque, con un fondo de cárdenos y naranjas tostados que arrebatan.
Fue allí, comentando entre nosotros el precioso cuadro que se podría pintar en esa hora final del día cuando empezó a fraguarse en mi cabeza la idea de este cuento que os dejo. Ayudaron también otros azares que se encadenaron como una predestinación. No los desvelaré porque tienen incidencia en la trama del cuento. Citaré, si acaso, uno de ellos: la conmovedora e inquietante contemplación de una luna enorme perfilando la torre del homenaje de la magnífica fortaleza extremeña de donde no nos fuimos hasta bien entrada la noche.
Volví con la idea y muchas notitas anotadas en mis mal cuidados cuadernillos pero, tardaría aún varios meses en terminar, aún no sé si lo está del todo, «El pintor»

Llénate de manos

boomp3.com


Fuiste alguna vez dentro de una cólera,
extinguiendo la cómplice naturaleza
de un beso al azar o una rodilla,
era cuando las cosas
existían al tomarlas en tu mano:
como los alfileres
o el filamento de alguna nube
cuando sonreías distraída.
Ellos no podían entender
mi afición a no explicar
el súbito arrepentimiento
de la noche partida en dos.
He anotado, dos veces, en el diario
que ya, casi nunca, nos enojamos a la vez.


¿Cuando solicitas información
de mis sueños, cuando
me auscultas la mirada perdida...
ves al hombre que viaja al fervor,
al encuentro de alguna fe?
Podríamos conformarnos con alinearnos
con los cómicos de algún puente,
podríamos ser necesarios
en el final de algún relato corto.
Podríamos resornarnos mutuamente,
pero nunca en las conciencias abatidas.
¿Cuándo atiendes en silencio
la perpleja convicción con que te hablo,
cuando sales de mi mano
con otra piel, dejándome otra piel...
escuchas mi voz para escucharla después
como una cebra tibia
capaz de dibujarla como la luna
sus persianas?
Sé que si en el siguiente minuto
acierto a decir
que la soledad está siempre
tapizada de pequeños gozos, de alegrías,
de retales de felicidad,
de beso...
entonces, tu noche estará plagada de aves
que le acechan el lomo lunar
a los mares de una cierta maravilla...

Procura llenarte de manos
en el preludio de un beso,
llénate de labios,
después de una caricia.
No tengas prisa por ser minuciosa,
no alborotes
más estrellas de las necesarias,
no apagues más que algún gris
de los que asombran el silencio.
Enciéndete cuando termines
de llenarte de agujeros encarnados.
Vuelve a olvidarte
las ganas de obedecer,
pero recuerda conminarme
a seguir leyéndote
los rastros de la luna,
cuando amaneces
turbia y enroscada,
como pitón residente,
como un primer boceto,
o como alondra de mago
entre las sábanas...


Consigo abandonarte a duras penas
pero sin esa soledad donde claudican
ciudades de odio.
Me llevo los pájaros
que tiritan en el agua de tus lágrimas,
me vendo a tu olvido cocinándote
pobres poemas de amor,
ajenos a la sal de los besos
de aquel entonces
cuando reposabas toda
en la leve realidad
de dos leves comisuras...
Y en su eco de corchetes.

miércoles, 30 de enero de 2008

Arreba Kattalinen papera

boomp3.com
Jakin nuen, bere hiletetara joan nintzen egun berean, ohizkoa zuen amantala grisaren (moja adeitsu hark zeuzkan begi maitagarriekin bat egiten zuena) poltsikoetan denborak eta eskuek zimurtu eta erdi izorraturiko papertxo bat aurkitu zutela. Kostatu zitzaidan bertan iskribatutakoa ulertzea, ezen hitz batzuk idazlumaren tintaren kolore urdin urtua guztiz galduta baitzuten. Emango dizuedan poeman ez nintzateke zerbait nik asmatua ez denik zin egitera ausartuko. Bizpairu minututan bakarrik eduki nuen eskuetan, nobizia galego lirain (oso lirain, ere) batek erakutsi zidan unetik bere nagusia azaldu zen arte. Egun jagoleen arduraduna daukaten arreba gizen eta serioaren izaerak ez dauka hain ondo hartzen ninduen nire sor Kattalin kuttunaren jokaera delikatuarekin batere antzik eta ez zidan paper hura eramaten utzi. Berehala, hurbilen neukan paperezko edozeinetan traskribituz saiatu arren, ezin dut, lehen esan moduan, testuari traiziorik egin diodan ala ez ziurtatu. Hala balitz, barkatuko didazuelakoan:

Memoriaren opilari zuk sua eman,
urrrunekoa, Cuenca baino harantzagokoa,
bazara ere,
eta berriz joandako kea etorri,
ezten eztitsua,
ezen zu beti lehenengo bihotzeko erlea
izango baitzara, maitea.

La misma barca: orden, caos...

Si escaparas del caos que toma mi mesa,
si salieses un momento de papeles,
y de gomas, y de tintas y pasteles,
si huyeras de la locura que me apresa,
.
si aflojaras en el lápiz que se espesa,
si dejaras que mis líneas fueran fieles,
si te fueras de mis botes y anaqueles
y de la obsesión que mi arte te profesa,
.
si me dejaras pintar un solo trazo,
si no fueras el programa en mis esquemas,
si no me guiaras, ni abarcaras mi abrazo,
.
si no fueras el recurso de mis temas,
ni existieras por soñarme en tu regazo:
no habría tintas, ni papeles, ni poemas.

Acto único

Desmenuzar
las pócimas de tu mirada,
salvando tus ojos,
titubear,
manchar
mi reputada ignorancia.
Todo en el mismo acto,
en interminable segundo.
Clavar
ocho dedos descuidados
en tu gelatina
donde la piel
es un desliz de nardo
sin el ritmo esperado
de una debilidad...

martes, 29 de enero de 2008

Fuego

Imanol Amestoi firma algunos de los textos más sensibles quizá que se llegaron a publicar en 'El asno en globo' durante la década de los 80; a principios de la misma, sobre todo. Supe, por medio de sor Catalina, una hermosa toledana casi octogenaria, que el citado Imanol abandonó el sanatorio hacia 1995 para ser trasladado a una residencia en el valle de La Orotava. Parece ser, siempre según la entrañable madre salesa a quien tanto tengo que agradecer, que a su supuesta maltrecha mente acompañaba una salud física peor aún.
Investigué lo suficiente para saber que en 1998 había ganado un prestigioso premio de Literatura Erótica (ésta es una denominación que nunca ha dejado de sorprenderme, quizá porque nunca he creído que exista algo que se pueda llamar «Literatura Erótica»). Me llamó la atención este hecho, más que nada porque el tono y el contenido de los breves relatos editados en la revista del centro psiquiátrico de nuestro húmedo y nebuloso norte, no auspiciaban en absoluto la capacidad de creación de relatos del estilo de 'El armario'.
Cuando ganó el certamen, Imanol Amestoi contaba 78 años. Cualquier día tendré que coger un avión para tratar de entender por qué ese hombre «silencioso, alto y guapetón» que conoció sor Catalina dejó de escribir cosas como este Fuego que les dejo a continuación, para no sólo crear cuentos tan diferentes sino para también acceder a concursos con tan avanzada edad. Tengo la impresión de que, si algún día me atrevo a embarcar en algo que vuela, no dejaré de ir de sorpresa en sorpresa, como hasta ahora. Sólo sé que sigue vivo, que apenas habla y que siempre escribe, con caligrafía de monje del Císter, usando una estilográfica que le dura desde 1941, regalo de su padre, maestro republicano de Zi...

FUEGO

Sabía que su destino era el de acabar perdiendo la cabeza irrevocablemente. Era sólo cuestión de tiempo. Perder la cabeza, arder apasionadamente. Él podía sencillamente haber elegido a la otra pero no, no había sido así y ahora ardía presa en sus manos. Jugaba con ella, con la sutil habilidad que forjan los años... Sentía que, por momentos, no le llegaría el oxígeno y se consumía dócilmente, olvidándose de todo, enajenando su pasado, su nacimiento y sus primeros años cerca de las altas montañas del norte, sus azarosos viajes, el incierto peregrinaje hasta el dulce momento, el soñado instante en que llegó hasta él, irremediable romántico con dedos de prestidigitador amable. Sabía que acabaría perdiendo la cabeza y sabía, lo intuyó en el momento mismo de conocerle, apenas rozó el tacto tierno de sus yemas, sabía que terminaría por acercarla al entorno de sus labios para ofrendarle un suave aliento que la extinguiría en un destino arrebatador. Tendría una vida infinitamente más larga que la de sus hermanas y sería, no le cabía la menor duda, la envidia y la comidilla en el claroscuro y tibio cielo de las cerillas de madera, con su historia del venerable anciano fumador que odiaba los mecheros.

MARABUNTA

  Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...