En la hora del verano,
pequeños aviones
me rescatan del ardor.
No hay conciencia de nieve...
ni nieve.
Pequeños aviones rasantes,
la charca,
el sol arrugando lilas,
el cerro cotidiano.
Nada.
Todo...
El olvido se viste de refugios
con pequeños aviones.
jueves, 12 de abril de 2007
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