martes, 17 de agosto de 2010
Las chicas de oro
Obstinado sol
lunes, 19 de julio de 2010
Festina lente
Tampoco en lo que crece
con cada alba, cada día,
entramos sin problemas.
Un residente temor
resurge con todo
lo que intuimos bueno
y queremos nombrar
desde esa sombra
apenas olvidada:
la mujer
que quizá ha sido zozobra
entre tus brazos,
el acordado silencio
que promueve esa sonrisa,
la torpe precisión
con que cada olvido
sigue forjando
la eternidad de un leve roce...
Ella no enumera nada,
su inteligencia emerge
mirándome
naufragar una vez más.
Tampoco es imposible
que seamos mutua salvación,
doble desarme.
jueves, 24 de junio de 2010
Doble atardecer
viernes, 7 de mayo de 2010
No te sé, no...
jueves, 6 de mayo de 2010
Sin garantía...

jueves, 15 de abril de 2010
Desde el cerro
Una tarde subí al cerro sin el ánimo habitual de explorar el viejo castillo ahora ligeramente reformado (cuatro barandillas protectoras, cinco focos y una epidérmica limpieza con que quieren justificar el miserable euro que te quitan a la entrada). Subí, en especial, animado por el paisaje que ya desde que había llegado a Badajoz, uno o dos días antes, me había sorprendido en forma de explosión de verde que no tenía parangón con el de ninguna de mis anteriores estancias.
Si ya la enorme cuesta que lleva a la pequeña explanada donde se encuentra el mirador te va aliviando de un montón de penas, la contemplación alternativa de la Siberia y la Serena desde aquella incomparable atalaya procura un leve éxtasis que no deja de sobrecogerme por más que reitere la visita.
Al otro lado, casi a mis pies, Esparragosa y Galizuela apuraban los últimos rayos del sol de abril, el Zújar, inmenso, espejunaba, embalsado entre los ondulados campos de la Serena que se perdían buscando Siruela, Zarza-Capilla, Almadén, Guadalmez...
Hubo que sacar la vieja libreta verde, hubo que dejar caer la tarde, hubo que apurar una Mahou, hubo que respirar aquel aire que se domaba en el vuelo acrobático del cortejo de los aviones comunes...
MARABUNTA
Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...
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-Entonces, sargento Ruiseau... ¿certifica que la señora Hastings murió víctima de sí misma? -Sí, capitán. Es un nuevo caso de suicidio artís...
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Apunté con mi bolígrafo rojo que ella estaba allí como siempre y que, aunque yo no pasaba a diario por esa calle, acababa de reparar en el h...
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Yo sabré recordar. No tengo el pulso del artesano pero sé decir: -Siéntate a mi lado... Allí había labios limpios, allí había carbón de beso...

