lunes, 19 de julio de 2010

Festina lente

Todo empezó con una nada de papeles. Entre todo el enorme bulto de atrasos y olvidos que poblaban mi mesa destacaba, por su insignificancia, una carpeta que no contenía más que la tinta verde que cabe en las seis letras pulcramente caligrafiadas de la palabra «Oxímoron», ubicada en el extremo inferior de la solapa anterior. Nada de papeles. Por eso detuve mi prisa en la lentitud que precisaba enlazar el viejo neologismo con mi no menos viejo ejemplar de «El aleph» y con la página que describía a Beatriz en donde descuidé expresamente un esbozo de poema, en tinta verde también, una tarde sin frío de alguna Navidad. ¿Por qué no acabarlo aunque fuese verano y caluroso?

Tampoco en lo que crece

con cada alba, cada día,

entramos sin problemas.

Un residente temor

resurge con todo

lo que intuimos bueno

y queremos nombrar

desde esa sombra

apenas olvidada:

la mujer

que quizá ha sido zozobra

entre tus brazos,

el acordado silencio

que promueve esa sonrisa,

la torpe precisión

con que cada olvido

sigue forjando

la eternidad de un leve roce...

Ella no enumera nada,

su inteligencia emerge

mirándome

naufragar una vez más.

Tampoco es imposible

que seamos mutua salvación,

doble desarme.


jueves, 24 de junio de 2010

Doble atardecer

La tarde muere

tostando naranjas

donde todo tiene un final

de infinita, inmensurable paz

que agoniza

sin sonrojos.

Me quedo

con esta placentera muerte

de gamuzas cárdenas,

livianas, violáceas,

purpuradas, nuevas...

Te estoy hablando

del olvido, lo sabes bien...

del reiterado olvido...

viernes, 7 de mayo de 2010

No te sé, no...


Cómo osar escribir el poema

que tu piel requiere,

los sonetos que exhala tu ternura,

los ritmos que animan

alrededor de tu sexo

la casida memorable

del libro de tu cuerpo

tan estremecido

que ya no me necesita...

jueves, 6 de mayo de 2010

Sin garantía...

Sí, es mi vocación no ser urgente,
ni entregarme a llantos clamorosos
y tratar de engañarte con una sonrisa;
no, no te digo toda la verdad cuando te miento
ni exagero la alegría.
Soy cauto en los ensueños, sí,
y también en los arrebatos enamorados,
atesoro una mirada preparada sólo para ti
y, aunque no te extraño muriendo el día,
soy capaz de odiarte sin tregua
vacío de manos cuando amanece.
Sí, olvido aniversarios y algunos sitios,
cambio las constelaciones de lugar
y me disgusta que te desnudes antes que yo
pero no, nunca dejaré de estar allí
ni te regatearé las mariposas de mis dedos
ni cuanto tengo gratis para ti,
que es todo, aunque te parezca nada.
Me asolan crisis de bondad y bombones derretidos, sí,
me anuncio en algunos pájaros
y desaparezco entre tus ojos,
me puedes romper como a un muñeco
pero no, no,
no caduco como persona
aunque no tenga arreglo, ni garantía,
cuando me quieres vestir a tu antojo
u ofrecerme zumos a la hora del café...

jueves, 15 de abril de 2010

Desde el cerro

Una tarde subí al cerro sin el ánimo habitual de explorar el viejo castillo ahora ligeramente reformado (cuatro barandillas protectoras, cinco focos y una epidérmica limpieza con que quieren justificar el miserable euro que te quitan a la entrada). Subí, en especial, animado por el paisaje que ya desde que había llegado a Badajoz, uno o dos días antes, me había sorprendido en forma de explosión de verde que no tenía parangón con el de ninguna de mis anteriores estancias.

Si ya la enorme cuesta que lleva a la pequeña explanada donde se encuentra el mirador te va aliviando de un montón de penas, la contemplación alternativa de la Siberia y la Serena desde aquella incomparable atalaya procura un leve éxtasis que no deja de sobrecogerme por más que reitere la visita.



A un lado, Talarrubias preludiaba el infinito y manso llano que alarga Extremadura hasta el perfil apenas intuido de Herrera del Duque y de Peloche mientras, a la izquierda, el Guadiana se iba arrullando hacia Orellana, rebosante de invierno en la primavera nueva.


Al otro lado, casi a mis pies, Esparragosa y Galizuela apuraban los últimos rayos del sol de abril, el Zújar, inmenso, espejunaba, embalsado entre los ondulados campos de la Serena que se perdían buscando Siruela, Zarza-Capilla, Almadén, Guadalmez...


Hubo que sacar la vieja libreta verde, hubo que dejar caer la tarde, hubo que apurar una Mahou, hubo que respirar aquel aire que se domaba en el vuelo acrobático del cortejo de los aviones comunes...


Una tarde subí al cerro. No estoy seguro, pero es posible que fuera Viernes Santo... ¿Qué prisa podía haber?





viernes, 26 de marzo de 2010

A destiempo, las respuestas


Quizá no sean posibles

las respuestas necesarias

en la luna que crece y crece,

densa sonrisa, noche sin patria,

doble entre fragor de sauces...

Pero, ¿quién puede saberlo?

tal vez sólo sucedan allí,

donde un niño otra te revele,

pues siempre una línea se curvará

para ti en alguna boca.

Pero has de abundar más allá, más,

y ser, como este agua que se amansa,

espejo, ser espejo,

ser, espejo ser...

viernes, 26 de febrero de 2010

Milongue




Peu à peu je te regagne...

Las lilas se ateren
en la misma esquina
donde era resignada envidia
el amor.

Tu étais le bouquet, moi...

Los milagros tienen
un aura escasa.
Pero es marrón tibia
y derrotada violeta.

Pormenor...

Cette chambre n'à pas de paroit...

MARABUNTA

  Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...