miércoles, 7 de diciembre de 2022

Nada tiro


 

Todo es importante.

Tú, sin duda, formas parte de mi historia

y ahora te recuerdas a mi lado, borracho

en un pueblito cerca de Lerma, Burgos,

o escuchando susurrar a los plataneros

sus altas historias, muy colocados, en un banco

del parque de Los Hermanos, Barakaldo,

o dentro de una tarde de domingo en un cine atestado

aterrada (y aterrado) en el estreno de «Alien»,

o besándome en algún rastrojo,

o en alguna tribuna solitaria,

o en otro cine menos atestado…

Es importante que sepas

que me gustaría saberte  muerta de celos

al verme pasar cerca de ti tantos años después

creyendo que ignoro tu nombre;

que me encantaría que te recordaras 

escribiéndome alguna carta de furioso amor,

o diciéndome adiós otra vez

o llorando porque te hice tan feliz

que ya sólo puedes ser desdichada…

Todo es importante,

todas esas muertes que voy dejando

en los parques de los ochenta,

en algunas cárceles, en la propia casa…

No tiro ningún recuerdo,

como los de algunos amaneceres rojos

en aquella playa que llenábamos seis amigos

sin ninguna vergüenza en las manos,

como las tetas de una turista alemana

abrazando mi cuello en Larrabasterra, Bizkaia,

como tus ojos de antes y los de ahora,

como todos esos primos que abarrotaron

los veranos de nuestra misma sangre,

nada tiro, nunca tiro nada

porque cuanto cuento es tan importante

como los sueños que se niegan a borrarse,

como los viajes en bote sobre la ría en enero,

como los Bisontes, como los Sombra, como los porros 

que compartíamos,

como aquellas noches de pitarra y guitarra

en la alamea de Campanario, Badajoz,

como aquellos amores que no pudieron ser, 

como la cigüeña que cagó mi mejor camisa

una mañana de 1976 a la una y diez en la plazuela…

Todo es importante y todo lo acumulo

como el delicioso arroz que disfruté ayer,

como la magnífica clase de mates que di,

como la deliciosa cara de mi alumno

descomponiendo con acierto el número 124,

como mi cara descubriendo que San Agustín

seguramente fue negro o de piel muy oscura,

como las horas previas a mi muerte,

muerte que os cederá a todos vosotros

la ingente tarea de tirarlo todo

menos este inventario

que, tal vez, he incrustado en vuestro síndrome…

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