Aquí,
como un crepúsculo de lirios
entre dulces violonchelos.
Tienes que saludar al día
(tú que albergas pájaros)
para que el reloj consista,
para que el hombre,
tibio aún,
te ofrezca el agasajo
de la mantequilla,
el injerto de besos y nocheterna
Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...