jueves, 31 de enero de 2008

El pintor (enlace)

Si no todos, casi todos los veranos me acerco alguna tarde al maravilloso mirador que es el castillo de La Puebla de Alcocer. Se alza éste en un cerro desde donde hay, en agosto cuando menos, unos atardeceres harto difíciles de describir con palabras. De un lado, los ojos se pierden detrás de los meandros del Guadiana y el Zújar que se persiguen hasta besarse cerca de Villanueva, en Entrerríos. En los espejos de los múltiples embalses que jalonan La Serena que se extiende delante, el sol se multiplica mientras muere tras el pico de Magacela. Del otro lado, la vista se aleja en las dehesas infinitas de La Siberia, hasta más allá de Herrera del Duque, con un fondo de cárdenos y naranjas tostados que arrebatan.
Fue allí, comentando entre nosotros el precioso cuadro que se podría pintar en esa hora final del día cuando empezó a fraguarse en mi cabeza la idea de este cuento que os dejo. Ayudaron también otros azares que se encadenaron como una predestinación. No los desvelaré porque tienen incidencia en la trama del cuento. Citaré, si acaso, uno de ellos: la conmovedora e inquietante contemplación de una luna enorme perfilando la torre del homenaje de la magnífica fortaleza extremeña de donde no nos fuimos hasta bien entrada la noche.
Volví con la idea y muchas notitas anotadas en mis mal cuidados cuadernillos pero, tardaría aún varios meses en terminar, aún no sé si lo está del todo, «El pintor»

3 comentarios:

Selma dijo...

A una maravillosa puesta de sol puede seguirle un claro de luna , esta luna puede ser romántica.... o enigmática e inquietante como la historia que relatas y por la cual una vez más me he dejado atrapar..

Cuida bien de tus “cuadernillos” Joseba, son una mina y me/nos deleitan....siempre..

Mila muxu!

Hilvanes Y Retales dijo...

Escritor de mano, que son siempre los buenos.

Me llevo el relato a casa para leerlo tranquilamente.

Veo que nos visitas. Ah el Guadiana, yo estoy enamorada de él!.

Joseba M. dijo...

Gracias, Selmatxu, arrugados, ajados o no, siempre hay alguno a mano...
Un besico.

Hola, modista,
claro que os visito, adoro la tierra de mis padre, de mis abuelos, de mis tatarab... No acostumbro a perdonar ni un sólo verano y, si puedo, me acerco también en Semana Santa. En el pueblo al que voy, Campanario, hacen una romería deliciosa el lunes de Pascua: la jira de Piedraescrita. Alguna vez también me he acercado a Trujillo por ver su famoso Chíviri el Domingo de Resurrección. Cáceres varias veces, Mérida, La Vera (¡ese prodigio!), Zafra,... Pero, estoy contigo... nada como la árida inmensidad de mi Serena desde cualquier atalaya, y nada como la vida que sus ríos le regalan como oasis retorcidos: Guadiana y Zújar. Esa incomparable ruta de los pantanos... Tengo por ahí un poema a Orellana, voy a buscarlo...
Un abrazo.