jueves, 17 de agosto de 2017

POSTIGO


Mi relación con el grupo de fotógrafos del colectivo CIGÜEÑOS de Campanario (en la que oficio de mero y admirado espectador) se empeña en motivarme a intentar elogiar algunas de las maravillosas imágenes que este grupo de seres humanos, cuya obra sin palabra de poeta alguno es el mayor elogio, nos está regalando desde su página de facebook.
Es el caso de esta instantánea, obra de mi buen amigo y polifácetico artista Scud Hero, con cuyo permiso he perpetrado el siguiente soneto.


La duda que rasgó al danés el ceño
es secreto brutal de cada puerta,
la tenue luz que en el umbral es cierta
Se apaga en un instante si tu empeño

es sacudir el tiempo que sin dueño
yace. ¿Casi cerrada o semiabierta?
Nunca sabrás del todo si está muerta
la casa o en el ámbito del sueño.

Lo que Borges contó, Javier da gloria:
el polvo por la arena es el testigo
de ese tiempo que guarda su memoria

preso en el cántaro; por tanto, amigo,
me siento disfrutando de esta historia
que algún dios nos dejó tras el postigo…

martes, 15 de agosto de 2017

Dulce disparo



¿Qué patria esa mirada furibunda
defiende tras la carcomida puerta?
Del ámbito vital, el ala abierta
despliega de la oscuridad rotunda

rumbo al cielo extremeño, donde abunda
la innúmera vitualla con que acierta
a calmar piante prole que, cubierta,
ansía ya el regreso en lo profundo

de aquella oscura casa en abandono
donde el nido colgó con mil amparos;
recóndita atalaya, lecho y trono...

Nos la cazó Francisco sin reparos,
nunca un tiro cobró tan bello icono
pues su arma sólo da dulces disparos.



La fotografía es cortesía del amigo 
Francisco Pajuelo Romero, 
gran fotógrafo, a la vista está...




viernes, 5 de mayo de 2017

Infinito ocaso




Todo lo que este brusco cielo sabe
lo sabe tercamente de memoria,
sabe que aquí y ahora hay una noria
que impide que jamás la tarde acabe.

Y aunque a la noche el hecho menoscabe,
prolonga aquel morado a mayor gloria
de este abril que en la foto ya es historia
que no hay olvido que fosa le cave.

Aunque ya el amarillo se desploma
con los besos de un sol ya funerario,
se alza en violeta paz una paloma

sobre un campo que funde el necesario,
embriagador, complementario aroma
de este infinito ocaso en Campanario.

viernes, 23 de septiembre de 2016

G. Arroyo, maisua



 Zerua, 
lurrera erori zen,
gizakiek
itsaso deitu zuten.
Hodeiak 
eztanda egin eta
lurrera erori ziren,
gizakiek
elur deitu zuten.
Izarrek
maskara kendu eta
lurrean agertu ziren
gizakiek
Antzerki deitu zuten...
(G. Arroyo)


Ahora,
cuando tengo la edad justa
para que sea imposible
ser un mal poeta,
cuando en cada paseo nocturno
con el Pintxo (ez zenituen maite, ez, txakurrak)
busco poemas perdidos
en las tristes farolas
de la calle Arrandi,
esquina Landaburu,
esquina La Florida,
esquina Etxatxu,
en la luna que se tatúa un árbol
cuya raza desconozco,
en los pasos perdidos
de los pocos transeúntes,
en algunas lluvias;
ahora,
cuando me tropiezo
con todos los rastros de ti
que antes eran cotidianos
(Valery Fabrikant, Xiber trikua,
zure belarriak karikatura hartan...
«belarrimotz, belarrimotz!»),
ahora que aquel sol-luna-estrella
me aparece hasta en la sopa
como un latido necesario
(«Jar izkiozu iletxoak, Joseba»),
ahora que quizá no hagan falta
más homenajes
que el de tratar de olvidarte cada día
para tenerte a diario en la memoria
es cuando por fin
puedo decírtelo:
umezurtz utzi nauzu, jodido!!

martes, 5 de abril de 2016

Soneto imperfecto XXIII


Llueve con eco de guitarras viejas,
retratan los charcos las catedrales,
viven besos, retumban los portales
y tu vaga sombra mientras te alejas.

Insiste el agua en su timbal de tejas,
eterna estalactita de cristales,
por donde entraste un día y ahora sales,
por donde volverás, frágiles rejas.

Todo muere un segundo en la ventana,
mientras en el cristal el alma mía
se da cabezazos con  furia vana.

No lloverá esta lluvia todo el día
y, tal como te añoro hoy, mañana
echaré en falta mi melancolía.

domingo, 14 de febrero de 2016

Amado Manuel





Amado Manuel,

nada me haría más feliz que llegar a saber un día que has leído esta carta, aunque esto suceda en la prisión serrana donde me repiten, con despectiva monotonía, que te encuentras. Mi amor me impide hacerle caso a las palabras de Víctor quien no cesa de reiterarme que pereciste para siempre en esa misma sierra que te refugiaba.
Llueve en Santiago estos días, Manuel. Lo hace con la misma tristeza suave con que lo hacía cuando corría a verte desde mi oficina hasta la puerta de la fábrica donde me esperabas embutido en tu buzo grasiento, el cigarrillo ladeado en la sonrisa pura, el flequillo desatado sobre tu ojo izquierdo… Me prendía del cuello sudoroso y me llenaba de tu humo en los besos interminables. Tú me sacudías el agua de los rizos con esa dulzura demoledora que se grababa a cincel en mi memoria, Manuel. Con ella regresaba al trabajo, con el tacto de tus dedos repitiéndose eternamente en mis horas sin ti, reviviendo los cinco minutos una y otra vez hasta aniquilar cualquier atisbo de hastío. Llueve en Santiago pero no tengo fábrica donde correr, no tengo  cinco minutos, ni tres, ni apenas uno donde eternizarme en ti.
Sólo tengo, Manuel, esta dirección donde me han prohibido ir y donde te escribo con la rabiosa esperanza que me ha dejado esta indefensión de no saber nada cierto sobre ti. Han pasado cinco meses desde que escapaste a la montaña luego de la gran huelga, con las noticias que salieron ese mismo día de grupos de obreros y sindicalistas abatidos cerca de Río Blanco y toda esa gente desaparecida. Cinco meses de angustia e incertidumbre mitigadas por el recuerdo de tus labios sabiendo a tabaco, de tu cuello salpicado de grasa, de tus dedos enredando en el cabello húmedo, de tus ojos de persona buena que nunca hizo daño y que lo iluminaban todo… Cinco meses, Manuel, redondeándote en esta pancita mía donde floreces en cada latido, en cada leve patada, en cada súbito giro en su lecho placentario. Sí, Manuel, hay, como decías tú, un poemita en camino. Y viene grandote, créeme, este poema. Va a ser una auténtica oda elemental.   
Algunas noches lo noto especialmente inquieto. Entonces, echada en nuestro humilde catre, palpo suavemente esta curva que se pronuncia cada día más y, a media voz, le canto la misma linda canción que me suplicabas cuando andabas tan triste. Y se calma como si entendiera las hermosas palabras de Violeta que se van enredando, enredando como hiedra de futuro en el muro de nuestra vida, Manuel. Porque te amo, porque te espero, porque te recuerdo, siempre te recuerdo…


                                                           Amanda

viernes, 29 de mayo de 2015

Mieltxo




En el árbol que el abuelo
plantó para aplacar el invierno
con la leña de sus ramas,
para aplacar el verano
con la sombra de su fronda,
para aplacar la despensa
con la carne de sus frutos
ha tenido Mieltxo
una aventura de lanzas y de arcos,
tiene, recónditas, las caricias
de la alondra y el ruiseñor
y tendrá
la casa donde alargar
la infancia
lejos del suelo
donde el abuelo plantó el árbol…

miércoles, 21 de mayo de 2014

He visto crecer...





Yo he visto crecer el árbol
noche tras noche
detrás de la primavera.
Era un espantapájaros
solitario
cerca de la parada del bus,
frente a la vieja pulpería,
donde también hay edificios,
todos de ladrillo,
 y algunas verjas herrumbrosas
que se tupen de musgos,
pero no hay más árboles.
En alguna ocasión 
ha venido la luna a filtrarse
por detrás, engordando 
encima de la escuela roja
de las religiosas del barrio,
mientras yo medía las hojas.
Fueron como sellos,
 y como cromos de fútbol
para, una noche húmeda,
de pronto ser así,
como mi mano extendida.
He visto crecer el árbol
noche tras noche allí,
en la curva de una calle
donde hay contenedores de basura
y un escaparate
con cosas de ultramar
y una autoescuela.
Le he visto crecer...
Ahora, esta noche,
por ejemplo,
las hojas, sus hojas
palmadamente reticuladas,
verdes,
son enormes mariposas
suspendidas
sobre el césped
atiborrado de margaritas
somnolientas,
donde mi perro, el Pintxo, 
no las siente crecer como yo
pero, va y viene,
va y viene,
y, tengo la impresión,
se siente feliz...

lunes, 19 de mayo de 2014

Duda 3



¿Qué ocurre con la duda
cuando sucede en el recuerdo?
¿Es quizá el grueso animal
que desperté en un labio?
¿Acaso es el pájaro
que pintó tu beso?
¿Fue, tal vez, que coincidimos
y nos rasgamos el futuro con lenguas de olvido?

           («El hombre que fuma mira la luna, escribre»- 2005)