viernes, 4 de enero de 2008

Musika, maix... (traducción en los comentarios)

Ezdakit ba, baina badago zeozer berezia bulegoko bakardade triste honetan. Idazten dudan bitartean beste blog bateko sarrera musikala entzuten dut, Beethovenen «cuarteto op.132» hain zuzen ere, berari buruzko adierazpen aberatsak irakurri ostean eta aspaldiko partez bitakora hauxe pixkat apaindu ta gero. Urteari agurra egin behar zitzaion eta nola hobeto bide batez ordu hauen bakardadearen aspergura entretenitzen baino? Beethovenek bukatu egin du bere saioa baina goiko pestaina bati sakatu besterik ez dut egin behar eta klik! badago, Satie eta bere Gymnopedia ospetsua... horrela ez dut urte hasiera ez dela batere ona gertatzen ari esan beharko... «musika, maixua!». Ez dut esan beharko, esate baterako, atzo hil zen alabaren lagunari, Cristiani, ez zitzaiola ez Satie, ez Ludwig pittin bat ere gustatuko ziurrenez. Musika entzuten dudan bitartean, Tomás Victoriaren Requiem-a, adibidez, ez dut esan beharko ere ez dela batere bidezkoa 23 urtetako gazte bat borroka ziztrin eta inozo baten ondorioz, bi aste koman eman ondoren, hiltzea.Tristura hau atzoko Oihaneren begietatik etortzen zait. Aipatzen ditudan abesti guztiek ez dutela inolaz ere kontsolatuko badakit baina niri orain, une honetan, nolabait ahaztarazten didate Cristian erori zenean, o, paradoxa! dantzatzen ari zela...



boomp3.com

4 comentarios:

Joseba M. dijo...

TRADUCCIÓN A LA ENTRADA:

No sé pero hay algo especial en esta triste soledad de oficina. Mientras escribo escucho el cuarteto op.132 de Beethoven desde un blog recién descubierto; poco antes he podido conocer varias interesantes curiosidades acerca de la obra citada y, a la vista está también, he adecentado un poco este local. ¿Qué mejor manera de darle la bienvenida al año nuevo que con unas líneas con las que, a la vez, entretenemos el solitario aburrimiento de estas horas de trabajo?... Beethoven ha concluido su actuación pero no preciso más que un leve clic! en la pestaña superior para que sea sustituido por la conocida Gymnopedia de Satie... así, gracias a estos maravillosos acordes no tengo que decir que la entrada de año no está siendo, ni por asomo, buena... «¡Música, maestro!» No tendré que decir, por ejemplo, que al amigo de mi hija que ayer falleció, a Cristian, seguramente, no le gustarían un pimiento ni Ludwig ni Satie. Y, mientras sigo escuchando música, como el Requiem de Victoria que suena ya, tampoco tendré que contar que no es en absoluto justo que se muera un chaval de 23 años por una pelea asquerosa e imbécil, después de pasar dos semanas en coma. Esta tristeza me llega desde los ojos de Oihane. No ignoro que todas estas canciones que acabo de citar y escuchar nunca consolarían a mi hija pero a mí, aquí y ahora, me hacen olvidar de algún modo que cuando Cristian cayó y se golpeó mortalmente... ¡maldita paradoja! había ido a bailar...

Anónimo dijo...

Sé que no es nada... pero en mis ojos tu tristeza sin puertas de este momento. Un beso.

Anónimo dijo...

Y aunque seguirá siendo nada, que sean dos, los besos.

Freia dijo...

He ido dejando muchas entradas de tu blog, leídas casi al paso, para momentos en los que puedo sentarme con tiempo al ordenador. Seguramente irás recibiendo comentarios desperdigados a lo largo de los días. Me parecería indigno hacerlo deprisa y corriendo.
Me alegra que la música te consolara un poco. Yo he tenido que echar mano de ella muchas veces. Al leer el texto hoy más despacio, el dolor, tu dolor es más nítido. Porque si el dolor de la enfermedad o la muerte anunciada es muy duro, el de la muerte absurda, sin sentido se clave y no hay forma de que dé respiro. Nunca descansa y hurga y hurga.
No puedo decirte mucho más: la barbarie inutiliza y destroza, desarma y acuchilla. Cuando se trata de la vida de un chaval de 23años no hay palabras que valgan. La música ayuda algo más. Un abrazo