viernes, 1 de febrero de 2008

Alicia y la felicidad

La felicidad de Alicia tenía, en esta ocasión, una consistencia que no era habitual. Había que reconocer que Alejandro superaba de largo el nivel medio de sus últimas relaciones. Era, quizá, excesivamente sobrio vistiendo para lo que su mente alocada, soñadora podría esperar. Pero ello no influyó en su decisión cuando se encontró en la diatriba de aceptar una invitación como la que le había hecho el martes anterior. ¿Qué mejor manera de conocerlo que pasar el fin de semana en la casita de campo que él tenía cerca de Laredo?
El viernes pasó a recogerla con su magnífico coche italiano. De las pocas cosas que sabía de él, se había quedado con que era arquitecto y que estaba involucrado en un proyecto descomunal en la capital.
-Sí, vamos a desecar diez hectáreas de pantano para transformarlas en navas de frutales. En el centro de la propiedad construiremos un centro industrial modernísimo.
Alicia escuchaba su maravillosa voz y la colocaba en las miles de palabras que, antes de llegar a verse, le había escrito en el chat en que coincidieron. Se habían ido enredando poco a poco en horas de insomnio y veladas de amor tecleado. Hasta que llegaron a la primera cita nerviosa donde se palparon en el silencio de las miradas que daban la conformidad a un futuro interesante, pensó Alicia.
Y allí estaba, viernes noche, en una preciosa casa solariega, en medio del campo más verde que jamás había visto. La estancia estaba decorada con gusto exquisito y en el comedor, enorme, la mesa estaba preparada para una cena romántica.
-Subiré tu maleta a la habitación, pónte cómoda en el salón. Tienes, si te apetece, música al fondo, sobre el equipo –le dijo mientras se alejaba camino de la escalera que, supuso Alicia, llevaba a las habitaciones.
Le analizó mientras subía. Era alto y mucho más guapo que en aquellas fotos que le envió al principio por correo. El carísimo traje que llevaba le quedaba impecable, con aquella preciosa camisa rosa y la fina corbata que remataba un anacrónico alfiler de oro.
Ella fue al salón pero optó por la televisión. Puso las noticias y se aflojó el sujetador , un poco por comodidad, un poco por prevención. Él apareció al rato y se situó detrás del sofá donde ella miraba la tele.
-¿Qué ves?
-El telediario. Mira, ha aparecido otra víctima del asesino de la A.
-¿El asesino de la A?
-Sí, así le llaman porque todas las mujeres que ha matado tenían un nombre que empezaba por A. Ana, Azucena, Antonia, Alina...
-Ya –atajó él mientras se soltaba la corbata.
-¿Cómo las matará? –preguntó la chica, absorta en las imágenes del noticiero.
-Muy fácil. Les clava un alfiler de oro en la nuca... ¡Alicia!
Pero la muchacha no tuvo tiempo de escuchar su nombre.

10 comentarios:

Lara dijo...

"Fuiste alguna vez dentro de una cólera,
extinguiendo la cómplice naturaleza
de un beso al azar o una rodilla..."

Mutua la sorpresa, qué bien Berlín siempre, y tus palabras, y bienvenidos somos.

Un beso fuerte de desconocida.

Freia dijo...

No es fácil crear una atmósfera de miedo y menos desde el primer momento. Presientes que tiene que acabar mal, pero el suspense a lo largo del relato te va empujando.
Tú dices que la música de mi blog te relaja y te enseña. A mí me ocurre lo mismo con tus palabras. La diferencia es que tú creas; yo, intermedio.

Selma dijo...

Llevo, sin mentir, dos horas recorriendo tu blog Joseba, leyendo unos tras otros poemas, relatos en sus distintos géneros..Y no te miento me ha pasado el tiempo volando y mi admiración va creciendo..

Et comme Freia l'a très justement observé cette angoisse ressentie depuis le début même du récit "Alicia y la felicidad" est bien réelle...

Muxu Joseba.

Arroyo dijo...

Alizia beti lurralde miresgarrian, kontuan izan gabe ispiluaren bestaldeak ez duela Herio islatzen (Ispahamen bezala).

m.eugènia creus-piqué dijo...

Bonito relato y vaya,vaya con la agujita de oro..

Catalina Zentner dijo...

La moraleja que se extrae de tu excelente relato es: "cuidado con las relaciones que se inician en el chat..."

Un abrazo, ha sido un gusto rescatar esta cereza de la nieve.

Memorial de Silencios
Cofre de Haikú
De Ausencias y Soledad
El Mundo de Wilhemina Queen.
Jardín Haikú

Antonia Romero dijo...

Me he muerto de miedo. ¿Tenía que ser necesariamente la A?

Un saludo

Joseba M. dijo...

Hola, Lara, un placer enorme. Nos seguiremos leyendo...
Freia, Selma: gracias.
Sí, Catalina y Eugenia, mucho cuidado con los chats, mucho cuidado con los agradables, cultos y respetables desconocidos que luzcan llamativos adminículos decorativos.
Buenos días, Antonia, no te apures, estoy enfrascado en un cuento donde hay un detective infalible que da con él antes de que su séptima víc...

Arroyo jauna, euskarazko bertsioan, hiltzailea oso bestelakoa dugu: neska da, gizonezkoak hiltzen ditu eta mementuz lau daramatza: Gorka, Genar, Gontzal, G...

Alicia Rosell dijo...

Arratsaldeon, Joseba: Alicia izena dudanez, baina seudonimoa denez, espero dut ez topatu berarekin...Zelako ipuina,jopé! Esango dizut posible ahal da gizajoa bezala ezagutzen edozein lekutan eta ez bakarrik chatetan.

Soy la mujer escritora, como me dijiste al encontrar mi blog...

¿Sabes? Yo llevo amenazando a mis lectores con meter una de miedo, que ya está bien de tanto amor y desamor... ¡Pero mañana es S. Valentín!

Joseba M.: Gaur, Alicia Rosell pasatu da hemendik eta horrelaxe esaten ditu: idazlea zara ala ez? Edo saitu izaten gutxienez... Parkatu nire curiositaeagatik, gainera nire euskera gero eta ahaztatutagoa daukat.

Mila ezker eta ondo pasa datorren egunetan. (Es dut gogoratzen nola deitzen da Fin de semana) No puede ser esto, no!!

Saludos de Alicia Rosell.

Alicia Rosell dijo...
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