lunes, 25 de febrero de 2008

Acerca de Ana (de ...ntos suspen...)

Un capítulo más de esa novela que se escribe y desescribe en mis archivos como nueva labor de Penélope, pero con menos visos de hallar un final.
Patricia escucha a su madre, acostumbrada a escucharla a ella.
El manido tema del aquí, el allí, del ayer que vuelve, del hoy que se va, en fin, ¿qué puedo contarles que ya no sepan? Es un capítulo enteramente enlazado con otro que es un cuento en sí mismo y que ya ha sido colocado en estas páginas con el no sé si apropiado título de «Números».


...ammaaáá!!!-. Se le abrieron los ojos como platos soperos de porcelana Santa Clara, con sus hermosas y ligeramente azules pinceladas. No estaba acostumbrada a escuchar a su madre diciendo palabrotas, aunque no fueran en realidad más que exabruptos mínimos como aquél. Tampoco estaba acostumbrada a sentir a su madre sintiendo, a verla sintiendo, a oírla sintiendo esa insondable soledad de sus palabras, de sus empañados ojos, que se propulsaba a la superficie como si fuera una burbuja enorme desde el fondo abisal de las Marianas.
-¡Bien jodidas, hija!-. La madre de Patricia que, por fin lo sabemos, se llama Ana, estaba a punto de entregar una fortaleza con más de doscientos años de historia. Notaba cómo la edad que ya empezaba a asomarle en esta época de despropósito de mundo en el que todo puede ya pasar desapercibido, incluidas esas palomas que ya no son más que ratas voladoras sin ramita de olivo en el pico, esa edad que se ha multiplicado por dos gracias al arcano factorial de una callada pena, esa edad que no le impide parecer hermosa porque lo hermoso ni claudica ni caduca nunca, mamá, notaba que esa edad era una enorme fatiga que la dejaba sin fuerzas para soportar el embate de otra ola, por mínima que fuera.
Ana vivía en una especie de vida provisional, instalada en una espera tan secreta como estéril. Era un hálito que se había creado para alentar y reconfortar soledades. Eran sueños de color arrugado para poder ir pasando, pasando. Eran aspirinas de tiempo, vanos jarabes para la mentira. Porque, ciertamente, todo era tan patente que sólo una enorme autosugestión podía haberla mantenido en aquel embuste de décadas. Ana había sacrificado su memoria en pro de un teatrillo de apariencias que, en teoría, debería favorecer la felicidad de su hija.
Pero aquellos años son de otra historia que no deja de formar parte de esta misma aunque no de ahora, porque ahora Ana tenía delante de ella un sobre blanco con el membrete dorado de un conocido hotel, rasgado con cuidado por su borde superior. El sobre que había traído la carta también blanca que atravesaban unas pocas líneas de palabras de tinta negra y verde voz, o quizá también blanca, o negra voz, qué sabía ella. No podía saberlo porque estaba inmersa en la zarabanda de los ecos disparatados, atronadores ecos con que esas palabras se repetían, rebotando fieramente en las paredes internas de su, disimuladamente ya, canosa cabeci...

6 comentarios:

m.eugènia creus-piqué dijo...

Veo que la Escapada te fué muy bien has venido inspiradísimo.

Joseba M. dijo...

Inspirado no sé, pero sin voz sí que ando y con una fatiga física de tres pares... ¡Menos mal que es lunes y he podido descansar en el trabajo!
Un abrazo, Eukenixe y graciasss...

CHIC-HANDSOME dijo...

have great week

m.eugènia creus-piqué dijo...

Este chic-handsome está dejando el mismo mensaje en todas partes.!

Joseba M. dijo...

Bueno, pues nada, le desearemos también a él una gran semana...
Bon dia, Eukenixe,
petonsss

Freia dijo...

Ya sabes que llego siempre tarde y a trasmano, pero me ha encandilado tu Ana. Me ha encandilado y me ha dejado enganchada por completo.
Voy a seguir con otras entradas que me apetece mucho.
Por cierto, ¿va todo bien? No consigo acostumbrarme a no ver la entrada de tu blog en "negrita".
Un abrazo