martes, 1 de abril de 2008

El poeta selecciona poemas con ciencia infinita

El poeta está lleno de posibilidades y de argucias. De puertitas y de trampas. Como Daniela, como el señor López. Como los sanatorios de la posguerra. Como el desván secreto. Sube unas escaleras el poeta. Hoy son gradas lastimosas que encogen el tranco y se alzan hasta un doblado angustioso. El suelo es de terracota sostenido sobre viejas cañas sostenidas sobre vigas que fueron fuertes. Quizá fue el mismo poeta quien una tarde de primavera con el ventanuco abierto al campo dibujó una circunferencia panzuda de tiza azul. Quizá entonces sólo era un niño que vivía una aventura en los territorios del cielo del desván. Quizá ese círculo de inmunidad sólo se pinte con el gres, también azul, de su mirada añeja.
Pero el poeta entra en él. Y deja caer sus poemas. Son los mismos poemas siempre. Los únicos. Todos. Los mismos versos pero diferentes. Hoy, la argucia propone que todos los versos son cuatro o cinco nada más. Los que se han deslizado fuera de la línea del cielo. Los que han volado lejos de sus pies. Y todos hablan del recuerdo. O del olvido. Que, quizá, de un modo no tan arcano, siguen siendo la misma cosa. ¿Acaso no está la vida alrededor siempre? ¿Acaso no se aleja de súbito? ¿Qué polvo puede ocultar aquel beso en ese desván? ¿Qué paño puede limpiar el que oculta para siempre dos miradas allí mismo?
Sí. Pero el poeta tiene desvanes y argucias. Y poemas dentro y fuera. Hoy, cuatro o cinco. O seis.



1.
Crece en el mar
la luna más grande,
en el mar que nos llega,
en el mar que nos lleva,
en la hora, alta hora
de los escasos recuerdos
que pudren la memoria.
Ya no te tendré más que aquí,
en esta luna
que pone sus azucenas
en la sal inmensa
y crece, crece
sin la medida necesaria,
tal es su pudor,
tanta la distancia.



2.
Todo está aquí:
que el mar está
amando al cielo,
que recién terminan,
ciorán y ciclamen
y que fuman por la tarde
satisfecho humo pincelado.
Y sólo es amor...


3.
Las gaviotas elevan
sus rosas de sal,
las espumas se vuelcan
en el cabo del norte,
la madrugada
es un bálsamo
sin preguntas
y mi descanso
es un lejano mirador,
unos versos antiguos,
una piel indemne...
unas horas robadas.
¿Por qué no ruge este mar?



4.
Hay un puerto, te aseguro,
lleno de palomas que son adioses
en los que nace un amor
que muere cuando nace
un te quiero
que muere en unos labios
que nacen con un amor
que es un pañuelo muriendo
en un puerto que conozco,
te aseguro.



5.
Tu pena
ardía en los ojos
cuando la miel era piel
donde se curvaban dos ríos
de sal.
Nadie podía escapar
a tu tristeza
cuando era una chistera
llena de antojos
manipulando
años de posterior locura.
Tierna locura
aleteando en manos
como palomas ansiosas
tu
piel de miel...



6.
En los pétalos del olvido...

lamento no ser astrónomo
para enumerarte esas estrellas
que iluminan alguna noche añorada,
nombrártelas, ufano,
y seguir creciendo
aunque sólo en tu recuerdo.
Crecer, repercutiendo en el deseo
como un eco abrumador
en un lecho que alfombrará
el sueño tantas veces forjado
en esta distancia sin números,
sin polvo,
sin asfalto,
sin puentes apenas transitados.

7 comentarios:

m.eugènia creus-piqué dijo...

Jolin, todo lo que has escrito es tuyo ??

Si es así, has vuelto muy inspirado.te sienta muy bien el viajar.
Sigue...sigue escribiendo..

Selma dijo...

Buenas tardes Joseba,

Se me acaban los calificativos al leer estos versos... Me quedo maravillada...
Venía para comentar Jira( II) pero me he quedado aquí...


Muxu Joseba.

alaluzdeunaluciernagaazul dijo...

Que lindo el poema número cinco!
Es realmente precioso...
tiene algo... no sé... m ncanta

un saludo

Mega dijo...

El 4, ¡qué hermoso!...

Joseba M. dijo...

Hola, Eukenixe, gracias por el comentario. Seguiremos escribiendo, palabrita, aunque, he de decirte que de los seis poemas, cuando menos dos y medio son ya antiguos. Pero seguiremos yendo al desván.
Selmatxu, me alegra que sigas disfrutando. Espero que tanto como yo con esas lavandas...
¡Bienvenida, luciérnaga! ¿Será quizá la piel que de miel...? Gracias y siga usted alumbrando estos rinconcillos.
Mega, me alegra que te guste ese poema, coincides con alguien muy querido.
¡¡Abrazos paquidérmicos a todas!!

Enrique Páez dijo...

Joseba:
Es cierto, piel de miel, pedazo de coincidencia, trastocando géneros. Gracias por los consejos acerca de asesinar a Vania. Pero no sé, me da pena...
Un abrazo.

Joseba M. dijo...

Entiendo que te dé pena pero tienes que matarla... jajajaja... no, hombre, pobre Vania.
¿Qué te puedo decir yo que tengo una novela policíaca o así escrita desde hace seis años a falta de los dos últimos capítulos porque no me animo a matar al asesino de la misma? Y es que le he cogido un cariño que...
Un abrazote, maestro.
Ah, me gusta Fontana...