lunes, 26 de febrero de 2007

E. L. Kasher,

E.L. Kasher nació gracias a una revista hojeada en un Sanatorio Mental, ahora Psiquiátrico. Yo había ido a acompañar a un buen amigo que tenía una tía ingresada allí desde hacía una eternidad. El asunto consistía en recogerla y traerla a pasar las fiestas navideñas con la familia, como de costumbre. Merecería una entrada entera la mirada agradecida de Ch. cuando montaba en el coche con nosotros para venir a Bilbao y esperar, como la eterna niña de ocho años que era desde hacía sesenta, la llegada de la Nochebuena y los regalos del Olentzero... En la sala de espera, mientras mi amigo realizaba los trámites para sacar a la tía, cayó en mis manos una revista que editaban los propios internos. No puedo asegurarlo al cien por cien, pero creo recordar que en aquella revista había colaborado hacía algún tiempo el mismísimo Panero, huésped de la institución algunos años atrás. Pero, si los versos de Panero alcanzaron algún día cierto eco, los del poeta que acabaría de descubrir aquella mañana me eran absolutamente desconocidos. A mí y a cuantos pregunté de mi entorno. Por eso, y porque sus versos me cautivaron desde el principio (quizá por hallarlos donde los hallé) comencé a obsesionarme con él y con encontrar datos de su vida y de su obra. Y en ello sigo... Conseguí un ejemplar de la revista que hojeé aquel lejano día y, a modo de introducción de la que será una figura que reaparecerá (eso espero) por estas páginas con cierta asiuidad, vayan a continuación algunos versos que se publicaban allí:



«Más que el tajante filo

permanece el odio

y el temor nunca perece

porque la maldición

se perpetúa

en el ingrato.»

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