martes, 27 de febrero de 2007

Alejandra estará siempre. No puedo esconder la admiración que me provoca. Quizá pudo morir, pero estará siempre. Está con el hombre que fuma y se recrea con sus poemas. Desde Alejandra Pizarnik hasta la nueva Alejandra que aún no se sabe dentro de ella. Alejandra sigue siempre. Quizá esté en ti. O en las líneas que te ofrezco. Puede que en el impulso que siento para ofrecértelas. Alejandra murió un poco sólo. Seamos capaces de resucitarla cuantas veces queramos.

«Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.»

(Las aventuras perdidas, 1958)

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