martes, 10 de marzo de 2009

INSTRUCCIONES PARA ELABORAR UN POEMA


Sorpréndase al escuchar su nombre

cerca de un teatro.

Entre en una plaza

y descubra

increíbles geranios

tupiendo los balcones

de una tercera planta.

Piérdase en las montañas lejanas,

dibújeles jorobas

y algodones.

Hágase cosquillas

con un color nada sorprendente,

mézclelo sin prescripciones.

Abuse de un olor simple

pero deseado.

Moje los pies

en cualquier regato umbrío

silbando entre libélulas.

Muera de tristeza

en algún muelle

después de las dos del mediodía,

antes de las siete de la tarde.

Y, sobre todo,

no olvide nunca obviar

cualquier instrucción,

éstas de marzo especialmente,

si quiere crear un poema

que sea discretamente eso:

un poema.

jueves, 5 de marzo de 2009

Sí, padre

«Mariano, esta tarde te espero en la sacristía a las siete. Sí, padre. Empieza la novena de María Auxiliadora y, si te portas bien, sabes que tu buena propina no te ha de faltar. Sí, padre. Además, Morales está con sarampión y estaremos solos, podrás coger todos los recortes de hostias que quieras y llevarlos a casa, que sé que te encantan, perillán. Sí, padre. Muy bien, Mariano, hijo, no lo olvides, a las siete, así tendremos media hora para charlar y preparar la misa. Sí, padre. Y ven bien limpito, ya me entiendes, hijo y, Mariano, de nuestras cositas... cosas nuestras, ya sabes, que nadie te ha de querer como tu padre Fortún. Sí, pad...»

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ganbararenak

Ez, ez du oraingoan jango Satanek, gaur ez. Egunak daramatza Iñaki azkarraren atzetik, baina behin eta berriro eskapatu egiten zaio. Nik, idazten dudan mahaitik, beraien joan-etorriak jarraitzen ditut, barre egiten besterik egin gabe. Iñaki, horrela ipini diot eskolan futbol taldean geneukan ezker hegaleko aurrelari arinagatik, orain arte Luciaren katu maltzurra baino zuhurrago ibili da, altzarien babesa eta bere usaimen zorrotza lagun dituela. 
Ez dut borroka luze honetan eskua sartzeko asmorik, katua geldituz, uxatuz edo halakoren bat eginez, ez. Ez diot inongo abantailarik eman nahi txikiari baina, tamalez, geroz eta ausartago ikusten dut, geroz eta ausartago... Eta Satan, ziurta diezazueket, pazient bezain beltza dugu... 

jueves, 5 de febrero de 2009

Lucca

Lucca ha pedido otro café. Tiene dos horas todavía hasta que salga su tren. El sitio es perfecto, se dice, para pensar que es perfecto. Le ha escuchado a alguien que ahí, junto a la cristalera, admirando el trajín de la estación, se está genial y antes de acomodarse ha pensado que pensaría en ello. El sitio es genial, se repite. Está solo y tiene dos horas. Ha pedido otro café. Lucca.
Está solo hasta cierto punto Lucca. Tiene dos horas de tiempo y tiene 
su cuaderno de dibujo y sus lapiceros. Mientras la chica de coletas indias que hace las mesas le trae el café sopesa si atreverse a sacar su enorme cuaderno de dibujo y abrirlo sobre la escueta mesa y matar las dos horas que le quedan garabateando cualquier cosa y tomando cafés.
Llega un tren del sur. Hace una hora él ha llegado de otro sur, en autobús. Dentro de menos de dos horas se irá en otro tren hacia el norte. Lucca adora los trenes y dibujar. Y el café de las cafeteras de los bares. Lleva Lucca casi diez años sin tomar trenes. En la cárcel no hay andenes ni cafeteras Faema ni Cimbali. Pero hay unas mesas enormes llenas de tiempo para llenar de dibujos sus cuadernos de tamaño A3.
La muchacha ha llegado con sus trenzas y su café humeante cuando Lucca ya había extendido el bloc, dejando un espacio tan justo para la taza que, piensa, correrá peligro. Le dedica una sonrisa azarada mientras alza de la mesa el material para que la chica trabaje más cómoda. El café huele bien, como los dos anteriores. Desde dentro del cuaderno se desliza una hoja de papel con algo escrito en tinta azul. Hubiese volado al suelo con ese suave desplomarse de las hojas que contienen poemas escritos en tinta azul si Paloma no lo atrapa con el plato que acaba de depositar. Srta. Paloma. Falda azul, blusa con detalles del logotipo de la franquicia, cartelito... Srta. Paloma. En algunas cárceles es parecido, quisiera decirle. Camisa azul con el logotipo de la institución, pantalón azul, bordado negro... 1.722.
Paloma toma el poema. Lucca toma el café. 

Cuando  vayas a sacudirte
la memoria de besos
desmenuzada
donde una plaza centenaria,
donde un impaciente paseo,
donde un ascensor de puntillas...
recuerda que nunca te dije
cómo me dolía
ver llorando los pájaros
de nuestra mutua soledad.

Sucedía en tus ojos
y no era necesario estar allí.

La tazá en la mano de Lucca es una paloma indecisa. Su boca ha dibujado la voz de Paloma. Paloma vuela entre los clientes sin dejar de volver la cabeza. Sin dejar de sonreirle mientras vacía la bandeja en otras mesas sin poesía azul. «Sucedía en tus ojos...»
Llega otro tren. No es el que Lucca tomará dentro de poco más de hora y media. Diez años sin tomar uno. Antes, en el norte, tomaba uno a diario. Dos veces a diario. Dos horas de trayecto diario. Una hora amaneciendo. Una hora anocheciendo. «... y no era necesario estar allí».
Lucca pide otro café mientras colorea mansamente algo empezado en la galería. Anochece tras la cristalera. El poema asoma el flequillo debajo del dibujo, entre hojas. Azul bajo negro. Se da cuenta entonces de que está dibujando una fuga. Dibuja una fuga cuando ya ha salido. Son estas cosas las que lo dejan absorto. Por eso no ha visto llegar a Paloma que ya está, con otro café en la bandeja, asomada al balcón del dibujo.
Deja sitio de nuevo Lucca impidiendo que el papel vuele esta vez. Paloma posa el café en la formica y posa, debajo del plato, un papel azul, como su falda, con la cuenta. Y se aleja sonriendo sin dejar de mirar el dibujo abierto en la esquina de la mesita. Mira Lucca por encima de las coletas chirikawas el reloj de la cafetería. Su tren sale a las diez menos diez, la hora de los anuncios de relojes. Las diez menos diez. Agujas con las alas extendidas perfilando: CITIZEN. Es hora de ir plegando, piensa, cerrando el cuaderno. Las nueve y media en el enorme CITIZEN.
Lucca acerca la taza y toma el papel. Huele bien el café, como todos los anteriores. Mira la factura Lucca. Cuatro cafés, un suizo, caramelos mentolados, 8’60 euros, «Salgo a las 10. Paloma».
Lucca pone la mochila en la silla de al lado. En el bolsillo lateral está el billete, cortesía del Estado. Coche-cama, tren Estrella, climatizado... Salgo a las 10... Diez años sin tomar un tren. A Lucca le encanta viajar en tren. En la estación hay la pausa que trae la noche. Apura Lucca el café mirando el billete. Tren Estrella. Diez años sin tomar un tren pueden alargarse un día más. Diez años y un día, piensa sonriendo. 
- O menos un día -y tira el billete a la papelera-. La condena ha terminado...

viernes, 23 de enero de 2009

Nudos


No hay tristeza posible,
sigo atando nudos
en los cordones.
Ato nudos murmurando
cómo eres incapaz de saber
que tus palomas
albergaron una resurrección.
Sólo tengo mi mano,
por eso me siento
en el jardín de enero
a mirar cómo la nieve
se olvida del suelo
por un momento...
Y vuelvo a sonreír
y ato otro nudo...

viernes, 16 de enero de 2009

Nada importante


Nada hay menos importante que lo imprevisto. Sólo digo que tal vez esconde esa verdad que lleva el erizo en su calma. Aquí estaba mirando los paraguas abandonados durante el curso. Paraguas maltrechos, heridas lonas, dañados cierres, mangos decrépitos que cesan en el recipiente de plástico con una tristeza remota que desdice el poema donde «...los paraguas mueren por ti»
Antes de todo esto he terminado un dibujo que pensé que había terminado ayer. Pero hace un rato le faltaban dos minúsculas estrellitas, dos; fijaos bien, son esas dos manchitas en el mero centro. No podéis negar que son las estrellas más necesarias que jamás habéis visto, las que equilibran el dibujo.

Y me he quedado mirándolo como un bobo. Nadie me había pedido una luna con dos estrellas juguetonas. Pero, del mismo modo que nunca faltan paraguas abandonados delante de mi mesa de trabajo, nunca faltan almas caritativas que redondean la boca, y los ojos, y los caracolillos secretos del cabello cuando alguien les regala un cielo infantil.
Sospecho que en todas estas miradas de bobalicón (dibujo, paraguas, etc...) está la insondable búsqueda de la esencia de la T. La arcana T que se diluye entre mis lápices, la T que se aturulla en la cola de mi ratón, la historia de la T que se crucifica casi sin mirar. Así:


Pero ésa es otra historia y, con algo de suerte, acabará en otro lecho. Ahora, la realidad se refiere a una mujer hermosa que anuncia el comienzo del prodigio del fin de semana con una sonrisa hoy especialmente deliciosa. Y he tenido que decírselo antes de decir agur y hacer click y, como también es medio sabia, ha sido capaz de explicar que ese prodigio obedece a una pertinaz «Rinitis colinérgica». ¿No es un encanto?...
Agur. Click.

FRÁGILES OLVIDOS

Cadáveres  exquisitos  dejaremos y esos frágiles olvidos que ilustran la memoria que nos tendrán... Ella escuchaba el mismo disco de Serrat ...