viernes, 13 de marzo de 2009

Dosis



Sin la dosis de amor justa
me siento en los bancos
de aquella vieja estación
y miro la rutina del río
lamiendo las ruinas de la antigua acería.
Está prescrita una cantidad
de amor al día.
Cuando falta
me siento en aquellos bancos
y es como volver
al cementerio de los paraguas
con todo el olvido clavándosenos
en los labios.
Nada era peor que la muerte de los paraguas,
las telas abandonadas
en nuestra piel,
las varillas arañando las caricias,
todas las lluvias repitiendose
en los ojos.
Tú lo sabes bien,
sabes que deberían prohibir
que alguien careciera de su dosis.
Yo podría demoler esa estación
y cerrar el cementerio
aunque, por otra parte,
no sé muy bien si quiero hacerlo,
porque son ésos,
cuando me falta la dosis que tanto exijo,
los únicos lugares
donde aún te veo...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me haces pensar... dosificarse ¡qué difícil! Destapar el tarro es hacerse adict@, "mimodependiente", permanentemente hambrient@...

Joseba M. dijo...

No, no tanto dosificarse como recibir una dosis mínima y necesaria a diario. Por eso mismo, porque uno se hace, sin remedio, adicto y si no, al cementerio donde habita el olvido, lleno de paraguas desolados. Imposible olvido, por otro lado. ¿O era recuerdo?...

Edurne dijo...

Arrazoia duzu, eguneroko dosia behar-beharrezkoa da! Nik nirea eskatzen dut, beti!
Muxutxuak!

Anónimo dijo...

Sí, recibir la dosis mínima salva incluso del "autolvido". Pero el umbral del mínimo, quizá, de forma inevitable, puede ser poquito a poco, más alto. Imaginemos (es un ejemplo, probablemente ajeno a tu poema): Cada día, el mimo de la sonrisa del/-a desconocid@ que coincide en el quiosco contigo. La dosis es mínima; mas insoportable si falta. "Desemparagua", "desolvida" los paraguas y, a la vez, asolana sombras-recuerdos que se quieren olvidar. Pero ¿no irías a buscar, con el tiempo, la dosis de una sonrisa y una palabra; y más tarde: una sonrisa, una palabra, un nombre; y meses después: una sonrisa, una palabra, un intenso intercambio de miradas; y...

RGAlmazán dijo...

¿Y quién no querría cien gramos más de amor al día? Es sin duda la medicina que más falta, que más se necesita y cuyas dosis son muchas veces insuficientes. Porque uno puede morir de falta de amor, en vida.
Un mensaje claro y rotundo.

Salud y República

Freia dijo...

Una dosis mínima. Debería ser obligatorio por decreto ley.
Y tienes razón. Es en aquellos sitios, precisamente, donde aún podemos ver nuestro objeto y fuente de afecto, amor o deseo.
Un abrazo

Mega dijo...

Está prescrita una cantidad
de amor al día.
Cuando falta
me siento en aquellos bancos
y es como volver
al cementerio de los paraguas
con todo el olvido clavándosenos
en los labios.

Fantástico de tan cierto y terrible. Es tal cual dices.
Besos, Joseba