jueves, 13 de noviembre de 2008

El harguix (I)

Siempre hay un cuento que reescribir sabiendo que es más que posible que no mejore. No hay más que sentarse en el viejo desván que abre una maravillosa ventana al campo tomado por la niebla del otoño. Hay estorninos en las tapias del cementerio despertando con la misma parsimonia con que la hierba se revela soplándose el húmedo vapor de la mañana. Hay pergaminos sobre la mesa que no tienen más remedio que aceptar la pluma que corrige, inexorable, la bella historia de un antiguo viaje.


EL HARGUIX


1.

Pierre Louis Delisle habla en su más famosa obra, “Reedición de las cosas”, de una planta que en el continente de Esteazil era considerada sagrada por algunos pueblos y, especialmente, por los que habitan cerca de las montañas Turesas. La reseña que el célebre y respetado botánico francés hace de dicha especie se limita más a un apunte fantástico que científico. Comenta Delisle que «se trataría de una planta que, al decir de los aborígenes Rune, florece asistemáticamente, sin seguir esquemas vitales fijos ni obedecer a leyes vegetales conocidas en nuestra civilización» 
El harguix es, incide el autor, recóndito por definición. «Parece ser que busca si no paisajes inhóspitos, sí lo más retirados de lo que es la vida animal». Después, Delisle continúa trasladando a su obra los apuntes tomados de su entrevista con el que, seguramente, tuvo que haber sido el chamán de aquel poblado Rune citado en el libro. Así, explica el aborígen, «no es una flor que se pueda sembrar, pues no tiene semillas visibles y tampoco deja que insecto alguno se acerque a ella, por lo que la idea de polinización es desechable». El chamán, llamado Yakün en el libro, cuenta a Delisle que la curiosidad más grande de esta flor es que se enciende, esto es, toma luz propia. Pero esta ignición se produce sin explicación racional alguna, sólo cuando ella decide y, asegura Yakün, es suficiente que uno se esfuerce en buscar un método para prenderla artificialmente, para que se apague por siempre. Y además, acaba el comentario, jamás brilla delante de más de dos personas. 
Pierre L. Delisle no debió creer demasiado en la palabra del sabio runeano pues, aunque cita de pasada las referencias que aquél le hizo a leyendas donde se explicaba el origen del harguix, el botánico y antropólogo obvia absolutamente reflejarlas con el  relato concienzudo que hubieran merecido. Si, por suerte, la citada flor aparece en sus celebradas páginas fue más como cita de una curiosa referencia mítica y cultural del pueblo Rune que como confirmación de un descubrimiento científico. Además, no hay rastro en su obra que permita pensar que se afanara lo más mínimo en la  búsqueda de tan sorprendente flor.
Bastó, no obstante, la lectura de la, fascinante en muchos aspectos, obra del citado científico francés para que, jóvenes aún, Silvian y yo decidiéramos perder el tiempo que aquél no empleó en investigar, si no la planta, sí la leyenda. En el mito estaba interesado más quien esto escribe que el increíble hombre que prefiere ser presentado como mi ayudante, Silvian Ronsardic, inseparable amigo durante casi sesenta años. Aunque ambos nos podemos llamar científicos, él es, casi por imposición genética, el auténtico amante de las plantas, y, entre los dos, el único experto. 
No relataré el arduo y casi mortal viaje que nos dejó en el primer puerto de Esteazil. Nos vimos obligados a un reposo no planeado pues, sin miedo a exagerar, cuando bajamos del barco éramos auténticas piltrafas humanas. Cuatro días después, recuperados apenas, iniciamos la marcha hacia las montañas Turesas, en cuyas faldas, dos semanas más tarde, encontramos la prodigiosa ciudad de Aln, capital del reino runeano. 

4 comentarios:

SELMA dijo...

Estoy esperando con ansias "El harguix (II)" y III Y IV...
¿ Los hay?...

Mila muxu Joseba...
Ça va mieux?

koldo dijo...

Me ha gustado.
Pregunto, como Selma, ¿tiene continuación?
Besarkada andi bat

Joseba M. dijo...

Tiene continuación y tendrá, espero, final. No puedo asegurar que será feliz. Iremos poco a poco, pero sin dscanso.
Gracias por leerlo y por sus visitas.
Petons, Selmatxu.
Besarkada handia, Koldo.

Freia dijo...

Querido Joseba

Intento reincorporarme poco a poco a la normalidad aunque el tiempo se empeña en llevarme la contraria. El tiempo y las ganas, que parece que me hubiesen deshinchado como a un globo y soy incapaz a veces hasta de moverme...
Veo que ha habido cambio de escenario, de vestido, de decoración y me gusta, me gusta mucho... sobre todo porque debajo de los nuevos colores, están ahí esperando, como siempre, sobre un blanco increíble, las cerezas.
Un abrazo muy fuerte