viernes, 1 de junio de 2007

Los Hacharraskiyos

Si bien ni panicólogos ni bichocráticos acaban de ponerse de acuerdo en la denominación definitiva, está claro que todo el mundo sabe qué es un Hacharraskiyo. Sobre todo, aquellos que habitan en las cercanías de los pantanos del Eskuukse, donde en agosto se producen esos prodigios de reflejos en los reflejos de los reflejos de las aguas y los cristales que allí proliferan. Dicen que este monstruo sólo puede aparecérsenos diez veces (que también es el número de tipos que se han constatado) en la vida y que no asusta especialmente, pero que no por ello deja de ser peligroso.
En efecto, en Adurriaga se ha sabido que M. A. M
enchugar pisó un Hacharraskiyo en su jardín en la mañana en que cumplía 37 años y aún le dura el ataque de hilaridad. Mañana cumplirá 39 y ha adelgazado 14 kilos. El panicólogo de guardia le ha recomendado (sin demasiada fe) hacer guardia en el mismo jardín por ver si la aparición de otro de estos pequeños monstruos provoca una interrupción en su estado de carcajada perpetua. Se cree que su origen está en antiguas leyendas girondinas francesas, de donde tomaron cuerpo. En aquéllos viejos cuentos aquitanos se les denominaba bien Escarduás en la zona septentrional o también, más al sur, Diguirgots. El que se muestra en la ilustración superior es un Hacharrasquiyo del tipo Naguikuin, no mide más de 8 ó 9 centímetros y, por supuesto, no es comestible...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Espléndido, magnífico, amigo mío. Porque no llevo sombrero que si no...

Anónimo dijo...

No creo que esa afirmación, "no es comestible", se pueda soltar así, como una verdad inmutable. Cualquier cosa es susceptible de degustación en boca del gourmet oportuno. : )