sábado, 9 de junio de 2007

Las charcas y la luna

Una buena amiga mía, que acaba de leer uno de los poemas que he colgado por esos foros de dios, me pide que le haga un comentario de texto y, a modo de ánimo, me promete sabroso bocata de calamares (es lista, lo hace antes de que le pida cualquier barrabasada carísima tipo percebes, cigalas, bogav..) y cañita bien tirada. Yo, débil entre los débiles, no sólo accedo a su petición sino que, en el colmo del desinterés, renuncio a cualquier tipo de premio gastronómico-festivo. Porque ¿quién mejor para hacer el comentario de texto de un poema que el propio autor, por muy poco consagrado poeta que éste sea? Y a ello voy. Para empezar, sepan ustedes que el poema en cuestión es el que a continuación les trancribo:
«Nadie ha descorrido
la sombra donde yacíamos.
Hay dos charcas en la noche
robándose la luna sin pudor.
Quizá no sean de sal,
quizá no sean de llanto...
pero sé que he estado allí.»
Obvia decir que se trata de una composición en verso libre, sin cánones de rima ni de medida. Si acaso es apreciable, como mucho, un agradecido ritmo en la acentuación que hace que la lectura sea grata (vanitas, vanitatis), sin cacofonías apreciables.
En los dos primeros versos, el poeta, y no olviden que soy yo, comenta 'Nadie ha descorrido/ la sombra donde yacíamos'... Con estas dos líneas de entrada nos quiere anunciar lo siguiente: Que nadie ha descorrido la sombra donde yació con alguien. Es decir, que el poeta y su acompañante yacían en una sombra y ahí es posible que sigan, o es posible que no. La cosa es que esa sombra no ha sido descorrida y que yacían.
Sigue el poema contando que 'hay dos charcas en la noche robándose la luna sin pudor'. Hay que reconocer que en estas palabras el poeta (servidor) se ha bañado (nunca mejor dicho) en poesía de la buena. Podría decirles que las charcas simbolizan dos amantes alejados; podría decirles que las charcas simbolizan el recuerdo, o que son un trasunto de la pasión, del deseo; podría decirles, incluso, que las dos charcas simbolizan eso, dos charcas. Dos charcas en la noche, en las que se refleja la luna dos veces y donde quizá el viento, al rielar sobre ellas, borra el reflejo en una y lo deja en otra, y viceversa. Podría deciros todas esas cosas pero, ahora mismo, sólo sé que no sé muy bien cómo era la verdad, pero, no me negarán que sería hermoso estar allí, en esa noche, con esa luna, con el fragor de esas aguas movidas por la brisa del primer verano...
Los versos finales no son más que un homenaje a la costra que dejan felicidades y tristezas en este avatar que es la vida. Todo se mezcla, todo queda, a veces agua en cualquier llanto, a veces aire en las palabras no proclamadas, a veces fuego en las caricias repetidas en versos que se fugan al silencio que agrieta el tenaz olvido.
Y en todas esas cosas, como en ésta, he estado...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

A la poesía le sucede lo mismo que a los cuerpos celestes: en cuanto le acercas un microscopio pierde un poquito de magia...

Anónimo dijo...

Gracias amigo. Estoy de acuerdo con el primer anónimo pero una promesa es una promesa y unos calamares con caña están de rechupete :)

Anónimo dijo...

Es cierto, sí, que explicar un poema resulta un tanto prosaico, permítaseme el juego de palabras.
Pero, che, no me digan que el texto del comentario no es un prodigio de ambigüedad lírica. Me resultó relindo, con pasajes que son otro poema renaciendo del intrínguli propio del propio poema. ¿No?

Anónimo dijo...

Sí.


Hay magos que utilizan el ilusionismo incluso haciéndonos creer que lo que hacen es desvelarnos el truco. Y tú eres el mejor.

Anónimo dijo...

Y el mejor degustador de cefalópodos también. Me jugaría algo. : P

Anónimo dijo...

Pues para mí, que si llegas a hacer este comentario de texto en selectividad, fijo que te suspenden

Joseba M. dijo...

Es más que probable... date cuenta lo que le vino a ocurrir al mesmo Einstein con las mates cuando aquello...