Se ha despertado de súbito. No es la hora, los relojes descansan. Se ha despertado y se ha dirigido al salón, guiado por una fuerza que no entiende. En la última balda de la izquierda, entre otros libros, sobresale uno ajado. Lo toma y casi se le caen las tapas a duras penas sujetas. Es el ejemplar de su vieja edición del Quijote, lo sabe. ¿Pero por qué este repentino despertar hacia él? Lo abre al azar y una rosa cae a sus pies. Y es una rosa fresca y es una rosa viva. No hay más, suena un despertador y el cuento termina. O empieza...
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