viernes, 18 de febrero de 2011

«Tornerò»

«Cuadro impecable:
naturaleza muerta,
memoria viva.»
(David Escobar)

Mientras
trigueros diminutos
morían en el caserón
donde la tarde ardía
tan cerca, tan lejos
de la charca
ojos
desnudaban
tu desnudez
cerca del agua.
Más tarde leerías al sol,
no había un acolito,
en un papel ya amarillo
el colmo de un nuevo poeta
mientras el adiós
asombraba tu pecho.
No es imposible amar,
seguir amando,
aquel silencio de paja,
aquel fango modelando tu pie,
la piedra fusilada
y el ondulado tacto,
rosa,
de los juncos salvajes...
La próxima carta
te la escribiré
en la última sábana
para que,
donde quiera que
enojes nuevos árboles,
aromes
tu pérfida memoria
con otras arrugas...

viernes, 11 de febrero de 2011

Sonata 16

«Sucedía en tus ojos

y no era necesario estar allí»


Todavía no te podido decir

cómo me duele

ver llorar los pájaros

de nuestra mutua soledad

cada vez que abro algunas puertas,

cuando tengo demasiada prisa

para pararme a tomar una taza

de cualquier cosa caliente,

al pasar por las alamedas

de un otoño tan reciente

que sigue siendo malva.

Todavía no sabes

que lloran y lloran

saltando, sin volar jamás,

desde mi flequillo,

blanco, blanco, blanco,

hasta esa orilla de tu ingle

donde dos palabras

nunca cesan...

miércoles, 9 de febrero de 2011

Alejandra también está en los atrios


Alejandra quiere amanecer
educando el paisaje,
por eso le huelen los ojos
a repentino mar.
Alejandra me pide
un suelo más amarillo,
su fresca esquina en la tarde
y una incongruente palmera.
Pero yo tengo abedules
que ensanchan su protesta
y ese pájaro
que habla en su mirada...
Traerá su libro, Alejandra,
y traerá ese sol
encima de la piel
que abriga la mañana
sentada, leve apenas,
en la repisa gótica
donde yo no quepo.
Me voy,
pero ahora ya sé
que puedo construirlo todo
desde la mano
que no destiende...

martes, 8 de febrero de 2011

Paulette sorte



Ven a tumbar tu soledad
cerca de los sacos de trigo
mientras los trenes roban
silencios a la estepa...
Entra en el poema
con ese sigilo
de hija única pecadora.
Sal, Paulette,
de tu canción,
de tus pecas, tus batracios
y tus mariposas
y déjame tomar resuello
por una tarde.
Déjame saborear
esta victoria inalcanzable...

(E.L.Kasher-«À côté de la radio»)

viernes, 4 de febrero de 2011

Cotorreos...

Una prima de la mejor amiga de la madre de una chica que va al colegio de una de mis alumnas le comentó al frutero del supermercado donde compra la sobrina de la señora que me cose remiendos y me coge dobladillos en los vaqueros que necesitaba un poema para su hija de catorce años a la que le habían encargado hacer una composición que ilustrara un trabajo de Lengua sobre no sé qué época dorada de la literatura española. Ni que decir tiene que, cual reguero de pólvora, la noticia ha ido del frutero a la peluquera de la calle Infanzones, de ésta a una clienta que peina todos los sábados y que trabaja en el Banco de Santander, de ésta a la mujer que le lleva los trámites de la hipoteca a la sobrina de Concha, de la sobrina a la propia Concha, mi modistilla, quien, el lunes, cuando me entregaba los viejos jeans que acaba de repuntearme no dudó en dejarme caer que...

No pude negarme, claro está; es proverbial la flojera de mi ánimo ante esas situaciones y, así, le regalé el vetusto y justamente olvidado soneto que adjunto. Espero, con todo, que la prima susodicha arda en el peor de los infiernos, pues hoy, cuando estaba comprando unas pechuguitas de pollo para albardar, Aurelio, el carnicero, me ha hecho saber que una clienta que es compañera de brisca en el Hogar del Jubilado de una paisana de la abuela de la niña del demonio que a ésta le han cascado un cero en un trabajo del cole «y eso que había puesto un poema de un profesor que se las da de mu...»

Lo peor, aparte de la vergüenza escondida, es que me he venido con el kilo de pechuga sin filetear, no podía esperar ni un segundo más en ese mostrador repleto de gente lanzando dardos contra esos malvados seres que «... es que hoy no les enseñan nada...». Tendré que olvidarme de albardarla y conformarme con aliñarle una salsita a los desiguales tacos que soy capaz de cortar...

No digas besos, di palomas rojas,

puedes decir granadas entreabiertas

di también corazón que abre sus puertas

o mariposas mancas, ciegas, cojas.


Por decir, di la lluvia en que me mojas,

di azucenas que brotan en las huertas,

di yertos lirios en las bocas muertas,

di del bosque secreto alfombra de hojas.


No digas besos, dulces desagravios

que golpean en óvalos que ilesos

tornarán de otros óvalos, más sabios.


Besos no digas; mas descorre, gruesos,

los telones de sueños de tus labios;

no los nombres, mejor dame tus besos...

Todo está escrito


Vuelvo a afanarme hasta el sudor,

más allá de los propios dedos,

en mil caligrafías,

acusándole al amor

ese carácter de intruso sucesivo:

en la lluvia, en la sangre,

en aquella cosquilla...

Entonces te he llevado sin un orden

concreto

hasta el viejo mirador del acantilado,

hasta la esquina menos asediada

por el viento,

hasta el rumor de olas de mi mano

en la lupa de tu pecho,

hasta la luna insultándote en el iris,

hasta la mediavoz...

No puedo ignorar que Benedetti,

que Neruda,

que el propio Borges

ya no te sorprenden,

no tenemos nada ya

que no sea el viejo Salinas

y un único verso detrás de cada noche.

Te escribo en la inconsciencia

de que soy granate

y sigues muriéndote de frío

jugando, muda,

con tus gorriones

por las nieves de mi piel...


(E.L.Kasher- «El hombre que fuma abrazó a Alejandra»)

jueves, 3 de febrero de 2011

Nubes... (E.L.Kasher - de «El asno en globo»)

Es extraño que sólo siete años más tarde admitiera Kasher que el poema primigenio era un disparate de ritmo repleto de sobresaltos y eufonías forzadas. Y, por otra parte, llama la atención el hecho de que el único poema editado dos veces (el mismo pero diferente, obvio es) en la maravillosa revista «El asno en globo», del sanatorio donde el poeta debió de pasar cuando menos un par de lustros, sea un soneto.

Cuesta imaginarse al artista peleándose con quien quiera que fuera el director de la publicación por aquella época (sospecho que se trataba de Ramón H...) para que incluyera el poema en cuestión y la diatriba contra el original que lo precede y que obviaré aquí, del mismo modo que obviaré el soneto que mi adorado autor tanto odió, como odió, en general, la figura poética de los catorce versos rimados tan ponderada por otras voces. No me arrogaré sino la puntualización de que, una vez más, distancia y olvido asolan su pluma...


Es tan temprano todavía, apenas

las nubes de algodón pintan erizos

sobre el dormido mar pleno de hechizos,

inmenso crisol de coral y arenas.

Tan temprano y mis manos van ya llenas

con ecos de sirenas, primerizos

síntomas de ti, pero ya enfermizos

recuerdos hechos de aire, ¡esas cadenas!

Nubes por cielo y mar y yo aquí, quieto,

amanezco sin ti, lejano encanto.

Tendré que abandonar este soneto

pues sólo despertar te añoro tanto

que iré con esas nubes, te prometo

que lloverá a las tres. Será mi llanto.

MARABUNTA

  Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...