viernes, 18 de julio de 2008

Del desván

Nunca está de más releer los poemas desperdigados de Kasher. No sé por qué nunca me he decidido a armarlos de una vez por todas en alguna especie de antología más o menos aceptable. Será quizá que me sigue gustando sorprenderme descubriéndolos una y otra vez en las diferentes revistas que hojeo azarosamente, en los mil y un papel que e cambio de lugar sin una razón aparente, en los falsos diarios donde le reseño constantemente.
Aparece como un delicioso champiñón en este umbrío y secreto bosque donde refugio melancolías, placeres y parsimonia. Champiñones como éste, que nace súbito en el envés de unos bocetos llenos de gatos. Sé que es de E.L. Kasher, pero no soy capaz de recordar de dónde lo copié:

Este poema no es mío.
Surgió de la erosión
que ha cultivado la memoria
de mis manos.
Fue, sin duda,
acariciando tus certezas,
fue, lo sé, el tacto robado
en alcobas de luna,
fue simiente de besos.
Todas esas palabras
que edificaron este olvido
inagotable.
Todas las palabras que te definen,
las que definen
tu sexo desplegado.
Este poema viene
de tu piel en éxtasis,
de su estancia en mi piel.
Me hablaste,
me cantaste.
Me mataste, sí.
Pero la muerte
no es una palabra.
La muerte es la muerte
y no cabe en este poema
que nunca ha sido mío
y que ahora te devuelvo.

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