miércoles, 21 de mayo de 2014

He visto crecer...





Yo he visto crecer el árbol
noche tras noche
detrás de la primavera.
Era un espantapájaros
solitario
cerca de la parada del bus,
frente a la vieja pulpería,
donde también hay edificios,
todos de ladrillo,
 y algunas verjas herrumbrosas
que se tupen de musgos,
pero no hay más árboles.
En alguna ocasión 
ha venido la luna a filtrarse
por detrás, engordando 
encima de la escuela roja
de las religiosas del barrio,
mientras yo medía las hojas.
Fueron como sellos,
 y como cromos de fútbol
para, una noche húmeda,
de pronto ser así,
como mi mano extendida.
He visto crecer el árbol
noche tras noche allí,
en la curva de una calle
donde hay contenedores de basura
y un escaparate
con cosas de ultramar
y una autoescuela.
Le he visto crecer...
Ahora, esta noche,
por ejemplo,
las hojas, sus hojas
palmadamente reticuladas,
verdes,
son enormes mariposas
suspendidas
sobre el césped
atiborrado de margaritas
somnolientas,
donde mi perro, el Pintxo, 
no las siente crecer como yo
pero, va y viene,
va y viene,
y, tengo la impresión,
se siente feliz...

lunes, 19 de mayo de 2014

Duda 3



¿Qué ocurre con la duda
cuando sucede en el recuerdo?
¿Es quizá el grueso animal
que desperté en un labio?
¿Acaso es el pájaro
que pintó tu beso?
¿Fue, tal vez, que coincidimos
y nos rasgamos el futuro con lenguas de olvido?

           («El hombre que fuma mira la luna, escribre»- 2005)

viernes, 4 de octubre de 2013

«Odio tu gato»*



En el espacio que tu gato ocupa
hago de todo mi odio buen empleo,
sólo quiero matarlo si lo veo,
quitarlo de tu mano me preocupa.

Su estancia por tu entorno ya con lupa
celando voy, y lo tengo por tan feo
que odiándolo disfruto y me recreo.
¡Cuánta envidia en mi corazón se agrupa!

No aguanto esa mirada indiferente
que acoge tu caricia todo el rato,
cual si no lo tocaras ¡repelente!

Si vuelve a interponerse, yo lo mato,
durmiendo en tu regazo, intransigente.
No hay remedio, mi amor, odio a tu gato...


*Este sonetillo publicose en 2007, pero sin el simpático y tierno dibujillo que, como se aprecia, lo redondea...


miércoles, 2 de octubre de 2013

Lluvia...


El mar se había quedado detrás de un biombo de brumas. Me pusiste un vaso con hielo flotando en una delicia ocre. Me pusiste dos dedos en la nuca. Tu pecho se había quedado detrás un leve algodón. Me diste otro dedo. Te leí el mismo verso que te escribo siempre que el mar se queda detrás de los biombos de algodón, el que te susurro cuando tu pecho llega detrás de leves brumas. «Tengo besos que mueren como cachorros de nube, que se confunden como garabatos de niño chico, besos que se descargan en los trigales de más allá del brezal, de más acá de las colinas del heno, besos como saltamontes bizcos, como canción en el agua...» Las plumas de la voz te desnudaron. Me entregaste un lápiz para que te metiera en un papel. Tu cuarto dedo decía que no me callara nunca. «... tengo besos que azogan charcas en la primavera, que perfuman juncos salvajes con aire de ababoles, besos topacio en los ojos, besos siesta de gato, besos onda de río, besos granada acuchillada. Y tengo un beso que pasea tu nombre en una cometa china que revienta en confetti para que la vida te sepa a tahona y a aldea que despierta, que explota para que me ruegues, sin más demora, que te pinte todos estos besos que te cuento y que, si no, morirán como cachorros de nube...» Todos los dedos se llenaron de cuartillas. Todas las tintas se llenaron de piel.

martes, 1 de octubre de 2013

¿Cuándo solicitas...

¿Cuándo solicitas información
de mis sueños, cuando
me auscultas la mirada perdida...
ves al hombre que viaja al fervor,
al encuentro de alguna fe?
Podríamos conformarnos con alinearnos
con los cómicos de algún puente,
podríamos ser necesarios
en el final de algún relato corto.
Podríamos resornarnos mutuamente,
pero nunca en las conciencias abatidas.
¿Cuándo atiendes en silencio
la perpleja convicción con que te hablo,
cuando sales de mi mano
con otra piel, dejándome otra piel
escuchas mi voz para escucharla después
como una cebra tibia
capaz de dibujarla como la luna
sus persianas?
Sé que si en el siguiente minuto
acierto a decir
que la soledad está siempre
tapizada de pequeños gozos, de alegrías,
de retales de felicidad,
de beso...
entonces, tu noche estará plagada de aves
que le acechan el lomo lunar
a los mares de una cierta maravilla...

jueves, 12 de septiembre de 2013

Mañana, quizá



Preguntabas por qué bajo tu cabello
nunca dudo
y ceso una mirada en la medrosa yema.
No tengo la vida por herida
y mi madre va en mi frente, arrugándose
con cada beso que cae en la hierba.
Me han amado para enseñarme a hacerlo
y yo te devuelvo la mano vacía
como un tesoro incalculable
por lo menos hoy, con este rubor.
Tú sabes que esas dudas son dobles diamantes
y cada dolor,
un cielo amanecido en la memoria...
Mañana quizá, en la misma mano
encuentres las mariposas
que he criado con los gusanos
de tu precioso olvido...

MARABUNTA

  Cada verano, cuando estaba en el pueblo, empleaba una mañana en observar la minucia de un hormiguero cercano a la caseta abandonada que e...