miércoles, 2 de octubre de 2013

Lluvia...


El mar se había quedado detrás de un biombo de brumas. Me pusiste un vaso con hielo flotando en una delicia ocre. Me pusiste dos dedos en la nuca. Tu pecho se había quedado detrás un leve algodón. Me diste otro dedo. Te leí el mismo verso que te escribo siempre que el mar se queda detrás de los biombos de algodón, el que te susurro cuando tu pecho llega detrás de leves brumas. «Tengo besos que mueren como cachorros de nube, que se confunden como garabatos de niño chico, besos que se descargan en los trigales de más allá del brezal, de más acá de las colinas del heno, besos como saltamontes bizcos, como canción en el agua...» Las plumas de la voz te desnudaron. Me entregaste un lápiz para que te metiera en un papel. Tu cuarto dedo decía que no me callara nunca. «... tengo besos que azogan charcas en la primavera, que perfuman juncos salvajes con aire de ababoles, besos topacio en los ojos, besos siesta de gato, besos onda de río, besos granada acuchillada. Y tengo un beso que pasea tu nombre en una cometa china que revienta en confetti para que la vida te sepa a tahona y a aldea que despierta, que explota para que me ruegues, sin más demora, que te pinte todos estos besos que te cuento y que, si no, morirán como cachorros de nube...» Todos los dedos se llenaron de cuartillas. Todas las tintas se llenaron de piel.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ederra, Joseba!

G.Arroyo

Joseba M. dijo...

Mila esker, jefe... Oso marrazki polita atera zait, bai..

Cristina Acosta dijo...

Muy buen contenido, ayudame a difundir mi blog, sigue mi blog de moda, entretenimiento y las ultimas noticias y chismes del momento. http://mipequenouniversord.blogspot.com