martes, 5 de abril de 2016

Soneto imperfecto XXIII


Llueve con eco de guitarras viejas,
retratan los charcos las catedrales,
viven besos, retumban los portales
y tu vaga sombra mientras te alejas.

Insiste el agua en su timbal de tejas,
eterna estalactita de cristales,
por donde entraste un día y ahora sales,
por donde volverás, frágiles rejas.

Todo muere un segundo en la ventana,
mientras en el cristal el alma mía
se da cabezazos con  furia vana.

No lloverá esta lluvia todo el día
y, tal como te añoro hoy, mañana
echaré en falta mi melancolía.

2 comentarios:

Isabel dijo...

Pues a mí me parece perfecto. Claro que yo no entiendo de poesía, sólo escucho lo que me transmite.

Joseba M. dijo...

Entonces entiendes más que éste que escribe...
Gracias, Isabel...