viernes, 23 de enero de 2009

Nudos


No hay tristeza posible,
sigo atando nudos
en los cordones.
Ato nudos murmurando
cómo eres incapaz de saber
que tus palomas
albergaron una resurrección.
Sólo tengo mi mano,
por eso me siento
en el jardín de enero
a mirar cómo la nieve
se olvida del suelo
por un momento...
Y vuelvo a sonreír
y ato otro nudo...

viernes, 16 de enero de 2009

Nada importante


Nada hay menos importante que lo imprevisto. Sólo digo que tal vez esconde esa verdad que lleva el erizo en su calma. Aquí estaba mirando los paraguas abandonados durante el curso. Paraguas maltrechos, heridas lonas, dañados cierres, mangos decrépitos que cesan en el recipiente de plástico con una tristeza remota que desdice el poema donde «...los paraguas mueren por ti»
Antes de todo esto he terminado un dibujo que pensé que había terminado ayer. Pero hace un rato le faltaban dos minúsculas estrellitas, dos; fijaos bien, son esas dos manchitas en el mero centro. No podéis negar que son las estrellas más necesarias que jamás habéis visto, las que equilibran el dibujo.

Y me he quedado mirándolo como un bobo. Nadie me había pedido una luna con dos estrellas juguetonas. Pero, del mismo modo que nunca faltan paraguas abandonados delante de mi mesa de trabajo, nunca faltan almas caritativas que redondean la boca, y los ojos, y los caracolillos secretos del cabello cuando alguien les regala un cielo infantil.
Sospecho que en todas estas miradas de bobalicón (dibujo, paraguas, etc...) está la insondable búsqueda de la esencia de la T. La arcana T que se diluye entre mis lápices, la T que se aturulla en la cola de mi ratón, la historia de la T que se crucifica casi sin mirar. Así:


Pero ésa es otra historia y, con algo de suerte, acabará en otro lecho. Ahora, la realidad se refiere a una mujer hermosa que anuncia el comienzo del prodigio del fin de semana con una sonrisa hoy especialmente deliciosa. Y he tenido que decírselo antes de decir agur y hacer click y, como también es medio sabia, ha sido capaz de explicar que ese prodigio obedece a una pertinaz «Rinitis colinérgica». ¿No es un encanto?...
Agur. Click.

miércoles, 14 de enero de 2009

Corriditos

Nada mejor, ahora que la nieve impide cualquier incursión en la naturaleza, que perder las frías mañanas en mi viejo caserón, al calor de la milagrosa gloria que no dejo extinguirse y enfrascado en el siempre venturoso azar de bucear en un montón de números de la revista del sanatorio, «El asno en globo», esparcidas sobre la enorme y ruda mesa de roble que me resisto a tirar.
Es un ocio que nunca me defrauda. Hoy, sin ir más lejos, he descubierto en un rinconcito de las secciones literarias de los ejemplares 59 y 60 unas joyas que firma un más que jocoso Pancho Colate. No importa certificar si era realmente mejicano o no, lo importante es que dejó unos sabrosos «Corriditos», que es como se titula su mini-sección, entre los que he seleccionado estos dos, maravillosamente diferentes el uno del otro:

Pretoss, muu pretoss,
y pos que la luna nos alumbre
y a poco que se me acostumbre
déjeme los ojitos quietos.
Ayss, dios, que no haiga madrugada,
que los mariachis revienten
sus serenatas e inventen
una nueva pa mi amada.
Qu’escuenderá este recodo,
pos que escuenda lo que quera
si en el final me espera
lo qu’haiga de ser, ni modo.


Pos dos petirrojos
se hasen eco de la calle.
Venen disputando alas bermejas.
Y pos sin embargo s’aman.
Que güeno los pajarillos del demoño
que s’aventan y se tiran picotasos.
¡Ay, y cómo si no, mi amor!


miércoles, 7 de enero de 2009

Cerca había el mar


Lo importante viene a ser el hombre.
El hombre ha cumplido pensamientos
como espejos y como olvido.
Piensa y se reclina en las veredas.
«Cerca había el mar...»
Puede que yo sea el hombre,
que te hable con desesperación
de unos tiempos en que amaba
dando manotazos en labios
delgados como adioses guerreros.
Pero lo importante es el hombre.
Quizá también estuve
fotografiándome en Positano
desde donde el mar era otro vino.
«He vuelto a extraviar tu nombre
por el sueño...»
Soy lo importante hoy,
soy tu mejor verdad en este libro
y la única persona capaz de olvidarte
cada tarde de todas las estaciones.
Sí, es lo más importante:
mi tristeza nos mantiene vivos,
cumpliéndote
como espejos
y como olvido.